sábado, 20 de octubre de 2018

Un momento... LAS PROMESAS DE DIOS SON PARA NOSOTROS



UN MOMENTO PARA PENSAR EN DIOS
LAS PROMESAS DE DIOS SON PARA NOSOTROS

Los libros, películas y programas de televisión estimulan la imaginación cuando presentan historias sobre la búsqueda de tesoros.
Los piratas de la antigüedad amasaban fortunas en oro, plata y joyas; esas riquezas las ocultaban en lugares estratégicos como verdaderos tesoros.
Pero hay tesoros mucho más valiosos, que todo lo que se encuentra en algún cofre escondido o en un buque de piratas naufragado. Esos tesoros se encuentran en la Biblia. Nosotros los llamamos las promesas de DIOS ¡y su valor no se puede medir!
Hay una búsqueda de tesoro que siempre dará riquezas enormes a quien esté en disposición de realizar el esfuerzo que requiere. Esa búsqueda comienza en la Biblia, donde encontramos maravillosos tesoros de verdad y las invaluables promesas de DIOS.
En Occidente la mayoría de las personas tienen por lo menos una Biblia. Muchos la tienen en un lugar especial, como parte de la decoración de su hogar, pero el hecho de poseer una Biblia no basta
Fue, tal vez, un regalo que recibieron el día de su boda. Si bien, pocos son los que la leen, hay quienes son diligentes en el estudio de la Biblia. Así como Jesús nos instó a orar: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mateo 6.11), debemos alimentarnos de la Palabra de DIOS cada día.
Debemos leerla y estudiarla. Esto nos ayudará a abrir los ojos ante las grandes verdades de DIOS.
Una de esas grandes verdades es que DIOS ha prometido darnos vida eterna. En el libro de Mateo, un hombre joven le preguntó a Jesús: “¿Qué bien haré para tener la vida eterna?” Jesús le respondió: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 19. 16 – 19)  
¡Jesús le dijo al joven que obedeciera los diez mandamientos! Citó cinco de los diez, y por si alguien pensaba que estaba dando permiso para quebrantar otras leyes que no mencionó, terminó citando del libro del Levítico: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levíticos 19.18)
Aquí, Jesús mostró que los diez mandamientos son esenciales no solamente en nuestra vida física, sino para recibir la vida eterna de DIOS. Lamentablemente, el joven de Mateo 19 “se fue triste” (v. 22), optando por no obedecer las palabras de Jesús. Era tanto su apego a sus “muchas posesiones”, que no le permitía ver, que ni había obedecido plenamente los diez mandamientos, ni obedecía a Jesucristo, quien le había dado esos mandamientos. En realidad, estaba infringiendo el primer mandamiento, puesto que rechazó el llamamiento de DIOS por el apego a sus posesiones.
Los caza tesoros pueden pasar toda una vida yendo en pos de riquezas.
Jesús dijo: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6.33). Quienes buscan tesoros físicos, materiales, muchas veces fracasan en su empeño. Pero si buscamos el Reino de DIOS y su justicia, encontraremos el tesoro más grande de todos. Y además, DIOS también promete proveer todo lo que nos haga falta.
Cuando uno sinceramente busca la voluntad de DIOS, Él responde a las oraciones. “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los Cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7.7 – 11) Las promesas de DIOS son para nosotros. Estudiemos la Biblia diariamente, y al irnos acercando a DIOS, expresemos nuestro agradecimiento por sus muchos e invaluables tesoros; entre ellos, nada menos que su maravillosa verdad. Verdad que DIOS desea que tengamos, ahora y en el tiempo venidero.
Dios les bendiga abundantemente.

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