viernes, 5 de octubre de 2018

Leyendo... Ezequiel capítulo 48



LECTURA DIARIA:
Ezequiel capítulo 48

La tierra se divide ideal y lógicamente de norte a sur.
Cada tribu recibe una porción igual de territorio. Siete de las tribus se hallan al norte del templo y la ciudad, y cinco al sur. Se desestima la anterior ubicación de las tribus. Isacar y Zabulón, que habían sido tribus septentrionales, son situadas en el extremo sur. Gad, Rubén y la media tribu de Manasés deben salir de la Transjordania, ya que esta región no se incluye dentro de las fronteras de Ezequiel. La lógica en que se apoya la distribución que hace Ezequiel de las tierras coloca a los cuatro hijos de Bilha y Zilpa en el extremo norte y el extremo sur, y a los ocho hijos de Lea y Raquel más cerca, cuatro a cada lado, de la ciudad y el templo. Judá está ahora al norte y Benjamín al sur. Esto tiene la misma significación que en 47.15-20.
La tierra se dividiría en trece porciones paralelas (una por cada tribu, más una santa) que se extenderían desde el Jordán o desde el Mar Muerto hasta el Mar Mediterráneo. La división de la tierra muestra que en el Reino de Dios hay un lugar para todos los que creen y obedecen al único Dios verdadero.
Esta sección ofrece detalles sobre la tierra dedicada a usos sagrados. La cantidad de espacio reservada a estos propósitos revela la intención de Ezequiel; un país en el cual el templo del Señor ocupe el lugar central, y sacerdotes y levitas desempeñen correctamente sus funciones. Veinticinco mil cañas de anchura, área reservada para la ciudad y el templo, la cual incluye los albergues para los sacerdotes y levitas, equivale a 25.000 codos cuadrados
El Mar Grande es el Mar Mediterráneo.
La ciudad tiene doce puertas, tres a cada lado. Se les dan los nombres de las Doce Tribus, la de Leví incluida, y las de Efraín y Manasés unidas bajo la de José.
Jehová – sama, la ciudad recibe un nuevo nombre, de acuerdo con su nueva condición restaurada.
El libro de Ezequiel comienza con una descripción de la santidad de Dios, que Israel despreció y pasó por alto. Como resultado, la presencia de Dios abandonó el templo, la ciudad y el pueblo. El libro termina con una visión detallada del nuevo templo, de la nueva ciudad y del nuevo pueblo: todos demostrando la santidad de Dios.

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