jueves, 18 de octubre de 2018

Un momento... ¡EL MEJOR TIEMPO!



UN MOMENTO PARA PENSAR EN DIOS
¡EL MEJOR TIEMPO!

Los hijos son herencia del Señor para que el hombre alcance la plenitud de la vida.

“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.
Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud.
Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado
Cuando hablare con los enemigos en la puerta”.
Salmo 127. 3 - 5
Nadie tiene que explicarnos la importancia de pasar tiempo con nuestros hijos, sean pequeños o mayores. Esto tiene que ser de alta prioridad. Pero es fácil distraerse con otras cosas. El egoísmo es característico de nuestros tiempos. Muchas parejas deciden no tener hijos sencillamente porque estos limitarían su libertad y diversión. Otros tienen hijos pero viven como si no los tuvieran.
La mayor parte de los niños pequeños desean estar con su madre e incluso se aferran a ella. Cuando un pequeñito se ve más apegado que a sus padres a otro adulto o a sus amigos al ir creciendo, esta es una señal de peligro. Los pequeños pueden agotar nuestra paciencia con sus requerimientos y sus preguntas constantes sobre cómo funciona todo en su pequeño universo, pero el tiempo que les dedicamos es importante.
El viejo argumento que compara la “calidad de tiempo” que se pasa con ellos con la “cantidad de tiempo”, es necio. Se requieren ambas cosas.
Generalmente en los primeros años de nuestros hijos, cuando ellos más nos necesitan,  nos encontramos ocupados en las actividades laborales y no tenemos tiempo para jugar, hacer la tarea o disfrutar de tiempo con ellos.
No es sino cuando el hijo regresa de la universidad que el padre finalmente tiene tiempo para él, pero ya el hijo está envuelto en sus propios intereses y no tiene tiempo para los padres.
Solo después de jubilarse, se dan cuentan de que su hijo resultó igual a él: demasiado ocupado para dedicar tiempo a su familia.
Cuántas veces oímos decir: “¡Crecen tan rápido! ¿Qué se hicieron los años?” El tiempo perdido jamás puede recuperarse, y a veces los padres, aunque bien intencionados, andan demasiado ocupados para pasar horas preciosas con sus hijos hasta que es demasiado tarde.
Comprendemos que los adolescentes quieran estar con otros adolescentes. Esto es normal. Pero algunos solamente desean estar fuera de su casa. Cuando nuestros hijos desean pasar más tiempo con otros que con nosotros, el antídoto no es ceder, sino aumentar el contacto con ellos.
Busquemos alguna salida, algún paseo,  algún proyecto que podamos hacer juntos como un deporte. Aunque no lo agradezcan en el momento, llegará un día en que sí lo entenderán.
Propongámonos hacer del tiempo juntos como familia una prioridad. Planifiquemos tiempo para estar juntos, e insistamos en que los niños participen. Es posible que éstos no siempre se sientan emocionados por la idea, al comienzo. Pero pensemos en nuestros recuerdos favoritos de la niñez, y encontraremos que la mayoría de ellos giran en torno al tiempo que pasábamos con nuestra familia, no importa lo frecuente o infrecuente que fuera eso.
Un hijo es una persona que DIOS ha depositado en nuestras manos desde el momento que nace, para que lo amemos, lo disfrutemos, y le demos una excelente formación como hombre o mujer de bien.
Somos los responsables de lograr ese noble propósito, es a nosotros, como padres que el Señor nos dio tan enorme papel, a nadie más.
Dios les bendiga abundantemente.

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