UN MOMENTO CON DIOS
Una vida bendecida
“El justo será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará.” (Salmo 1. 3)
Esta imagen poderosa que el
salmista utiliza para describir la vida del justo revela una verdad profunda
sobre la estabilidad, la productividad y la bendición que resultan de vivir en
comunión con Dios. El árbol plantado junto a corrientes de aguas no crece por
casualidad; ha sido puesto allí con propósito, con raíces que se extienden
hacia una fuente constante de nutrición. Así es el justo: una persona cuya vida
está arraigada en la Palabra de Dios y sostenida por Su presencia continua.
En un mundo donde muchas vidas
son como hojas llevadas por el viento, el justo permanece firme. Esta firmeza
no proviene de su propia fuerza, sino de estar conectado a la fuente de vida:
Dios mismo. Las corrientes de agua simbolizan Su Palabra, Su Espíritu y Su
gracia constante. El justo no vive de forma superficial, sino que se alimenta
diariamente de las Escrituras, encontrando en ellas dirección, corrección y
consuelo. Por eso, no se marchita en tiempos difíciles ni se desespera cuando
los recursos visibles se agotan.
El texto también afirma que
“da su fruto en su tiempo”. Esta frase nos enseña que el justo es productivo,
pero no apresurado. El fruto llega a su debido tiempo, no según el apuro del
mundo, sino conforme al calendario divino. Esto nos llama a la paciencia y a
confiar en que Dios está obrando, incluso cuando no vemos resultados
inmediatos. El fruto no solo es señal de bendición personal, sino también de
beneficio para otros: una vida justa bendice a su entorno, inspira, consuela y
guía.
Además, se nos dice que “su
hoja no cae”, lo que indica permanencia, vida continua y testimonio visible. El
justo es alguien que mantiene su integridad y su testimonio, incluso en las
estaciones de sequía. No se marchita con la crítica, el rechazo o la
adversidad, porque su vitalidad proviene de una fuente que nunca se agota.
Finalmente, el versículo
declara que “todo lo que hace prosperará”. Esto no implica éxito material
inmediato en todo, sino que el justo camina bajo la bendición de Dios. Lo que
emprende, lo hace con sabiduría, honestidad y fe, y por tanto, es guiado hacia
propósitos eternos.
Ser justo no es simplemente
portarse bien, sino vivir en una relación profunda con Dios, ser nutrido por Su
Palabra y reflejar Su carácter. El Salmo 1. 3 nos recuerda que esta vida no
solo es posible, sino que es la que Dios desea bendecir.
Dios te bendiga
abundantemente.

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