UN MOMENTO CON DIOS
Cuando el cristiano tiene que
votar
“Nuestra ciudadanía está en los cielos…” (Filipenses 3. 20)
Votar es un acto cívico, pero
para el cristiano también es un acto espiritual. No se trata solo de elegir
autoridades, sino de ejercer la mayordomía de nuestra ciudadanía terrenal con
responsabilidad delante de Dios. Como seguidores de Cristo, estamos llamados a
influir en el mundo con luz y verdad, y eso incluye nuestra participación en la
vida pública.
Filipenses 3. 20 nos recuerda:
“Nuestra ciudadanía está en los cielos,” pero eso no significa que debamos ser
indiferentes a los asuntos de esta tierra. Dios nos llama a ser sal y luz en
todas las esferas de la vida, incluyendo la política. Por eso, cuando un
cristiano va a votar, debe hacerlo con oración, sabiduría y discernimiento,
buscando no sus propios intereses, sino la justicia, la verdad y el bienestar
del prójimo.
El voto del creyente no debe
estar guiado por emociones, fanatismos ni promesas vacías, sino por principios.
No buscamos un “salvador político,” porque ya tenemos al Salvador eterno:
Jesucristo. Pero sí debemos procurar elegir líderes que valoren la vida, la
familia, la libertad, la justicia y la integridad. No hay candidato perfecto,
pero debemos optar por lo que más se acerque a los valores bíblicos.
Proverbios 29. 2 dice: “Cuando
los justos gobiernan, el pueblo se alegra; más cuando domina el impío, el
pueblo gime.” Nuestro voto contribuye a esa realidad. Ignorar el deber cívico,
o hacerlo sin reflexión, es darle lugar a que el mal avance sin resistencia.
Antes de votar, el cristiano
debe orar: pedir dirección a Dios, examinar los frutos de los candidatos,
conocer sus principios y considerar cómo sus propuestas afectan a los más
vulnerables. No votamos solo como ciudadanos de un país, sino como embajadores
del Reino de Dios. Nuestro compromiso es con la verdad, la justicia y el amor
al prójimo.
Y después de votar, recordemos
que nuestra esperanza no está en un sistema político, sino en el gobierno de
Dios. Participamos con responsabilidad, pero no nos aferramos al poder humano.
Pase lo que pase, seguimos confiando en que Dios sigue teniendo el control.
Votar es sembrar en el terreno
de la nación. Que cada cristiano lo haga con conciencia, oración y temor de
Dios, sabiendo que algún día daremos cuenta también de esa semilla.
Dios les bendiga
abundantemente.

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