UN MOMENTO CON DIOS
La misericordia de Dios
“Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.” (Salmo 103. 8 – 10)
La misericordia de Dios es uno de los atributos más hermosos y reconfortantes
de su carácter. A lo largo de toda la Biblia, se nos presenta a un Dios que no
solo es justo y santo, sino también compasivo, lento para la ira y grande en
misericordia. La misericordia de Dios significa que Él no nos da el castigo que
merecemos, sino que extiende su amor y perdón a quienes se arrepienten y se
vuelven a Él.
El Salmo 103. 8 - 10 lo expresa
con claridad: “Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande
en misericordia. No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo.
No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado
conforme a nuestros pecados.”
Esta misericordia no es
debilidad, sino una muestra del corazón paternal de Dios. Es su respuesta al
dolor humano, al pecado, al quebranto. Donde el juicio podría actuar con razón,
la misericordia intercede con amor. Es el rostro tierno de Dios hacia una
humanidad que constantemente falla, pero que Él no deja de amar.
La mayor demostración de su
misericordia es Cristo. En Jesús, Dios mostró su compasión al extremo, cargando
sobre sí nuestro castigo para darnos perdón y vida. No hubo mayor acto de
misericordia que la cruz: el Inocente muriendo por los culpables, el Justo por
los injustos.
La misericordia de Dios
también nos llama a actuar de manera semejante. Jesús dijo: “Sed, pues,
misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Lucas 6. 36).
Quien ha recibido compasión, está llamado a extenderla a otros. No podemos
disfrutar del perdón divino y al mismo tiempo guardar rencor, despreciar o
juzgar con dureza. La misericordia recibida debe convertirse en misericordia
ofrecida.
Además, la misericordia de
Dios se renueva cada día (Lamentaciones 3. 22 - 23). Esto significa que no
importa cuán bajo hayamos caído, Dios siempre ofrece una nueva oportunidad a
quienes se vuelven a Él con sinceridad.
Hoy es un buen momento para
agradecerle por Su misericordia, que no se agota, que no se retrae, que siempre
está disponible. Y también, para preguntarnos: ¿estamos viviendo con gratitud y
humildad por la misericordia que hemos recibido? ¿Estamos siendo misericordiosos
con los demás?
Recordemos que, si estamos de
pie, es por Su misericordia. Y si aún respiramos, es porque Dios sigue
extendiendo su mano para levantarnos.
Dios les bendiga
abundantemente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario