UN MOMENTO CON DIOS
La misericordia en la vida del
cristiano
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” (Mateo 5. 7)
La misericordia no es solo un atributo de Dios, sino también una virtud esencial en la vida del cristiano. Así como Dios ha tenido misericordia de nosotros, nos llama a reflejar esa misma actitud en nuestras relaciones, decisiones y acciones cotidianas. La misericordia es el puente que une la gracia que hemos recibido con el testimonio que damos al mundo.
Jesús lo dejó en claro en el
Sermón del Monte: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia.” (Mateo 5. 7)
Esto nos recuerda que la misericordia no es una opción para el creyente, sino
una marca distintiva de quien ha sido tocado por la gracia de Dios.
La vida cristiana debe estar
impregnada de compasión. La misericordia nos lleva a ver al otro con los ojos
de Cristo: no como un enemigo, no como un problema, sino como un ser humano
que, al igual que nosotros, necesita perdón, amor, paciencia y redención. Nos
hace actuar con empatía hacia el caído, el débil, el pecador, el necesitado.
Nos impulsa a perdonar, incluso cuando hemos sido heridos.
El apóstol Pablo exhorta en
Colosenses 3. 12: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de
entrañable misericordia...”
Aquí, la misericordia no es algo ocasional, sino un “vestido” que debemos usar
cada día, una actitud constante que brota de un corazón transformado por
Cristo.
Sin embargo, vivir en
misericordia no siempre es fácil. El orgullo, el juicio severo o la amargura
pueden endurecer el corazón. Por eso, es necesario recordar de dónde venimos.
Fuimos pecadores perdonados, indignos amados, rebeldes alcanzados por la
gracia. ¿Cómo no mostrar a otros lo que Dios ha tenido con nosotros?
La misericordia también se
manifiesta en la práctica: ayudar al necesitado, escuchar al que sufre,
consolar al que llora, defender al débil, interceder por el que se equivoca. No
se trata solo de “sentir lástima”, sino de actuar con amor y verdad.
En un mundo cada vez más frío,
competitivo e impaciente, el cristiano debe ser un oasis de misericordia. Y
cada acto compasivo es un reflejo del Reino de Dios en la tierra.
Que nuestra vida testifique
que hemos conocido al Dios de misericordia, y que Su amor vive y actúa en
nosotros cada día.
Dios les bendiga
abundantemente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario