UN MOMENTO CON DIOS
La protección de Dios
"Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada." (Salmo 91. 9 - 10)
Este pasaje del Salmo 91 nos
introduce a una de las verdades más reconfortantes de la fe cristiana: la
protección de Dios es real, constante y poderosa para aquellos que confían
plenamente en Él. No se trata de una promesa mágica, sino del fruto de una
relación profunda con el Altísimo.
La clave está en el versículo
9: “Porque has puesto a Jehová… al Altísimo por tu habitación”. Es decir,
cuando decidimos hacer de Dios nuestro refugio, nuestro hogar, nuestra morada
permanente, se activa una cobertura divina. No se trata de una visita ocasional
al templo o de un clamor solo en tiempos de crisis. Es vivir en comunión
constante con Él, confiar en su soberanía y descansar en Su voluntad. Hacer de
Dios nuestra habitación implica depender de Él como nuestro sustento diario y
reconocerlo en todos nuestros caminos.
El versículo 10 continúa: “No
te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.” Esta promesa no niega que
podamos atravesar dificultades, pero afirma que ninguna de ellas tendrá el
poder de destruirnos fuera del propósito de Dios. El mal puede rodearnos, pero
no podrá vencernos si estamos escondidos en Cristo. La “plaga” puede
representar enfermedad, caos o destrucción; sin embargo, la presencia de Dios
pone un límite a su alcance.
Esta palabra nos recuerda el
ejemplo de los israelitas durante la última plaga en Egipto, cuando la sangre
del cordero marcó las puertas y el ángel destructor no entró. Hoy, los
creyentes estamos marcados por la sangre de Cristo, y vivimos bajo la
protección del Padre, aunque el mundo se sacuda.
En un tiempo donde la
inseguridad, las pestes y el temor abundan, este salmo es un refugio para el
alma. Pero no se trata solo de repetirlo como fórmula, sino de vivir bajo la
sombra del Omnipotente, confiando en Él como nuestra morada. Si habitamos en Su
presencia, descansamos en su poder.
Dios es fiel para proteger a
los suyos. Si Él es tu habitación, no temerás el mal, porque Él mismo será tu
escudo y tu defensa.
Dios les bendiga
abundantemente.

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