jueves, 2 de octubre de 2025

Un momento... Yo no los he conocido

 


UN MOMENTO CON DIOS

Yo no los he conocido

 

"Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad." (Mateo 7. 22 – 23)

 

 

En Mateo 7. 22 -23, Jesús dice unas palabras que estremecen el corazón:

"Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad."

Esta declaración nos recuerda que el hacer milagros, predicar, o ejercer dones espirituales no garantiza una relación genuina con Cristo. Lo más impactante es que estas personas no eran paganas o incrédulas. Eran personas que hablaban en el nombre de Jesús, hacían cosas sorprendentes, y sin embargo, no eran conocidas por Él.

En nuestra cultura actual, donde lo visible y espectacular se valora tanto, esta advertencia es urgente. No todo el que dice “Señor, Señor” será recibido por el Señor. Jesús no busca apariencias, sino obediencia. No quiere solo obras, sino comunión verdadera.

Los milagros auténticos son manifestaciones del poder de Dios, pero pueden ser realizados incluso por quienes no caminan en santidad, como evidencia este pasaje. Dios puede usar a cualquiera para cumplir un propósito, pero eso no significa que ese instrumento tenga una relación íntima con Él. La prioridad no está en lo que hacemos “en Su nombre”, sino en si vivimos bajo Su señorío.

Jesús dice: “Nunca os conocí”. Esta expresión no habla de un desconocimiento intelectual, sino de la ausencia de una relación profunda, amorosa y obediente. Lo que define a un verdadero discípulo no es el poder exterior, sino el fruto interior: amor, obediencia, santidad y fidelidad.

Esta meditación nos llama a examinar nuestro corazón. ¿Estamos viviendo para impresionar o para obedecer? ¿Conocemos al Señor, o simplemente hablamos de Él? ¿Nuestro servicio nace de una relación viva, o buscamos reconocimiento, poder o emoción?

Dios busca corazones rendidos, no solo manos ocupadas. No nos conformemos con lo visible. Busquemos intimidad con Cristo. Que nuestro mayor anhelo no sea hacer cosas por Él, sino estar con Él, escucharle, amarle y obedecerle.

Porque al final, lo más importante no será cuánto hicimos, sino si realmente pertenecíamos a Él. Que cuando llegue el día final, podamos oír: “Bien, buen siervo y fiel.”

No busquemos el poder de Su nombre, sin antes buscar la profundidad de Su presencia.

Dios les bendiga abundantemente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario