martes, 21 de octubre de 2025

un momento... Cuidado con juzgar a los demás

 


UN MOMENTO CON DIOS

Cuidado con juzgar a los demás

 

“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.” (Mateo 7. 1 - 2)

 

Estas palabras de Jesús, pronunciadas durante el Sermón del Monte, contienen una advertencia directa y profunda: debemos tener mucho cuidado al juzgar a los demás. En un mundo donde es común emitir opiniones, críticas y sentencias sobre los comportamientos ajenos, Jesús nos llama a mirar primero nuestro propio corazón.

No se trata de ignorar el bien y el mal o de dejar de discernir lo correcto de lo incorrecto, sino de evitar adoptar una actitud de superioridad moral. Muchas veces, cuando juzgamos, lo hacemos sin conocer las motivaciones, las luchas o el contexto de la otra persona. Nuestra perspectiva siempre es limitada. Solo Dios conoce el corazón.

Jesús añade que con la medida que usamos, se nos medirá a nosotros. Esta declaración nos confronta: si somos duros, severos o inflexibles con los demás, debemos estar preparados para ser tratados de la misma manera. El juicio que ejercemos hacia otros revela la condición de nuestro propio corazón. Un corazón lleno de gracia y compasión será lento para condenar, pero uno orgulloso buscará constantemente señalar errores ajenos.

Además, al juzgar a otros sin misericordia, corremos el riesgo de caer en la hipocresía. A menudo, somos rápidos para ver los pecados de los demás, pero lentos para reconocer los nuestros. Jesús desarrolla esta idea más adelante en el mismo capítulo cuando habla de la “paja en el ojo ajeno” y la “viga en el propio” (Mateo 7. 3 - 5). La enseñanza es clara: antes de corregir a otros, debemos examinarnos con humildad y sinceridad.

La verdadera justicia, según el corazón de Dios, se basa en la verdad, pero también en el amor, la paciencia y la misericordia. Juzgar sin amor es contrario al espíritu del Evangelio. Por eso, Jesús nos invita a cultivar una actitud de comprensión, perdón y humildad.

En lugar de juzgar, el llamado es a orar por los demás, acompañarlos con compasión y ser testigos del amor de Cristo. Así reflejamos al Dios que no vino a condenar, sino a salvar. Que nuestras palabras y actitudes estén marcadas por la gracia con la que también nosotros queremos ser tratados.

Dios les bendiga abundantemente.

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