UN MOMENTO CON DIOS
Los milagros de Dios
“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.” (Juan 20. 31)
Los milagros de Dios, según la
Biblia, son intervenciones sobrenaturales del poder divino en el curso normal
de la naturaleza o en la vida humana, realizadas con el propósito de revelar Su
gloria, confirmar Su Palabra, mostrar Su compasión y fortalecer la fe de los
creyentes. A lo largo de toda la Escritura, los milagros no son simples actos
espectaculares, sino manifestaciones del carácter y la voluntad de Dios.
Desde el Antiguo Testamento,
vemos milagros que confirman la soberanía de Dios sobre toda la creación. La
apertura del Mar Rojo (Éxodo 14), el maná que cayó del cielo (Éxodo 16) o la
caída de los muros de Jericó (Josué 6) no solo demostraron poder, sino que
fueron respuestas al clamor de Su pueblo, evidencias de Su fidelidad y señales
de que Él caminaba con ellos.
En el ministerio de Jesús, los
milagros alcanzan su máxima expresión. Él sanó enfermos, resucitó muertos,
multiplicó alimentos y calmó tempestades. Pero cada milagro tenía una intención
más profunda: mostrar que el Reino de Dios había llegado. Cuando Jesús sanaba,
era más que un acto de compasión; era una señal del poder restaurador de Dios
que vencía el pecado y sus consecuencias. Como dice Juan 20:31, “Pero éstas se
han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que,
creyendo, tengáis vida en su nombre.”
En el libro de Hechos, los
apóstoles realizan milagros en el nombre de Jesús, testificando que el poder de
Dios seguía obrando entre los hombres. Estos signos no eran un fin en sí
mismos, sino una puerta al evangelio.
Hoy, Dios sigue obrando
milagros, aunque no siempre de la forma espectacular que esperamos. A veces el
milagro es físico, otras veces emocional, espiritual o en forma de provisión.
Cada vez que Dios irrumpe en nuestras circunstancias con poder, sabiduría o
gracia, estamos ante un milagro.
Esta meditación nos recuerda
que los milagros NO son magia ni espectáculo, sino expresiones del amor y la
soberanía de un Dios vivo. No los buscamos por emoción, sino como confirmación
de que Él está presente, escucha y actúa.
Creamos en los milagros, pero
sobre todo creamos en el Dios de los milagros. Él sigue obrando, porque es el
mismo ayer, hoy y por los siglos.
Dios les bendiga
abundantemente.

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