miércoles, 1 de octubre de 2025

Un momento... Los milagros de Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

Los milagros de Dios

 

“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.” (Juan 20. 31)

 

Los milagros de Dios, según la Biblia, son intervenciones sobrenaturales del poder divino en el curso normal de la naturaleza o en la vida humana, realizadas con el propósito de revelar Su gloria, confirmar Su Palabra, mostrar Su compasión y fortalecer la fe de los creyentes. A lo largo de toda la Escritura, los milagros no son simples actos espectaculares, sino manifestaciones del carácter y la voluntad de Dios.

Desde el Antiguo Testamento, vemos milagros que confirman la soberanía de Dios sobre toda la creación. La apertura del Mar Rojo (Éxodo 14), el maná que cayó del cielo (Éxodo 16) o la caída de los muros de Jericó (Josué 6) no solo demostraron poder, sino que fueron respuestas al clamor de Su pueblo, evidencias de Su fidelidad y señales de que Él caminaba con ellos.

En el ministerio de Jesús, los milagros alcanzan su máxima expresión. Él sanó enfermos, resucitó muertos, multiplicó alimentos y calmó tempestades. Pero cada milagro tenía una intención más profunda: mostrar que el Reino de Dios había llegado. Cuando Jesús sanaba, era más que un acto de compasión; era una señal del poder restaurador de Dios que vencía el pecado y sus consecuencias. Como dice Juan 20:31, “Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.”

En el libro de Hechos, los apóstoles realizan milagros en el nombre de Jesús, testificando que el poder de Dios seguía obrando entre los hombres. Estos signos no eran un fin en sí mismos, sino una puerta al evangelio.

Hoy, Dios sigue obrando milagros, aunque no siempre de la forma espectacular que esperamos. A veces el milagro es físico, otras veces emocional, espiritual o en forma de provisión. Cada vez que Dios irrumpe en nuestras circunstancias con poder, sabiduría o gracia, estamos ante un milagro.

Esta meditación nos recuerda que los milagros NO son magia ni espectáculo, sino expresiones del amor y la soberanía de un Dios vivo. No los buscamos por emoción, sino como confirmación de que Él está presente, escucha y actúa.

Creamos en los milagros, pero sobre todo creamos en el Dios de los milagros. Él sigue obrando, porque es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

Dios les bendiga abundantemente.

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