UN MOMENTO CON DIOS
Jesús nos advierte
“Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, e hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: ‘Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mateo 7. 22 – 23)
En Mateo 7. 22 - 23, Jesús pronunció una de las frases más inquietantes del
Nuevo Testamento.
Estas palabras no van
dirigidas a personas que negaban a Cristo abiertamente, sino a quienes usaban
Su nombre, incluso realizando actos poderosos en apariencia espiritual. Esto
nos confronta con una realidad profunda: no basta con hacer obras religiosas,
ni siquiera milagros, si no hay una verdadera relación con Jesús.
El conocer en el contexto
bíblico no se limita a información o reconocimiento superficial. Conocer, en el
sentido que Jesús emplea, implica una relación íntima, transformadora y
continua. Por eso, decir “yo no los he conocido” es declarar que nunca hubo
comunión real, que sus acciones no brotaban de un corazón rendido y obediente.
Este pasaje nos recuerda que
la fe auténtica no se demuestra solo en palabras o en exhibiciones de poder,
sino en la obediencia y la transformación del carácter. Jesús llama hacedores
de maldad a quienes, a pesar de aparentes obras espirituales, vivían en
desobediencia. Esto es un llamado a examinar no solo lo que hacemos, sino por
qué y cómo lo hacemos.
En un mundo donde muchos
confunden el éxito ministerial o la popularidad religiosa con la aprobación de
Dios, este texto nos invita a la humildad. Nos dice que Dios no se impresiona
por las apariencias, sino que mira el corazón. Lo esencial es caminar en
integridad, amar la verdad, y vivir bajo el señorío de Cristo.
También hay esperanza en estas
palabras. Si Jesús no conocía a esos falsos discípulos, implica que sí conoce y
se relaciona con los suyos, aquellos que le buscan de corazón. Él es el Buen
Pastor que conoce a sus ovejas y es conocido por ellas (Juan 10. 14)
Que estas palabras nos
despierten del engaño de la religiosidad vacía, y nos lleven a buscar una fe
viva, real y obediente. Porque al final, no se trata de lo que hacemos por
Jesús, sino de si realmente vivimos en Él y Él en nosotros.
Dios les bendiga
abundantemente.

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