lunes, 13 de octubre de 2025

Un momento... Jesús nos advierte

 


UN MOMENTO CON DIOS

Jesús nos advierte

 

“Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, e hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: ‘Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mateo 7. 22 – 23)


En Mateo 7. 22 - 23, Jesús pronunció una de las frases más inquietantes del Nuevo Testamento.

Estas palabras no van dirigidas a personas que negaban a Cristo abiertamente, sino a quienes usaban Su nombre, incluso realizando actos poderosos en apariencia espiritual. Esto nos confronta con una realidad profunda: no basta con hacer obras religiosas, ni siquiera milagros, si no hay una verdadera relación con Jesús.

El conocer en el contexto bíblico no se limita a información o reconocimiento superficial. Conocer, en el sentido que Jesús emplea, implica una relación íntima, transformadora y continua. Por eso, decir “yo no los he conocido” es declarar que nunca hubo comunión real, que sus acciones no brotaban de un corazón rendido y obediente.

Este pasaje nos recuerda que la fe auténtica no se demuestra solo en palabras o en exhibiciones de poder, sino en la obediencia y la transformación del carácter. Jesús llama hacedores de maldad a quienes, a pesar de aparentes obras espirituales, vivían en desobediencia. Esto es un llamado a examinar no solo lo que hacemos, sino por qué y cómo lo hacemos.

En un mundo donde muchos confunden el éxito ministerial o la popularidad religiosa con la aprobación de Dios, este texto nos invita a la humildad. Nos dice que Dios no se impresiona por las apariencias, sino que mira el corazón. Lo esencial es caminar en integridad, amar la verdad, y vivir bajo el señorío de Cristo.

También hay esperanza en estas palabras. Si Jesús no conocía a esos falsos discípulos, implica que sí conoce y se relaciona con los suyos, aquellos que le buscan de corazón. Él es el Buen Pastor que conoce a sus ovejas y es conocido por ellas (Juan 10. 14)

Que estas palabras nos despierten del engaño de la religiosidad vacía, y nos lleven a buscar una fe viva, real y obediente. Porque al final, no se trata de lo que hacemos por Jesús, sino de si realmente vivimos en Él y Él en nosotros.

Dios les bendiga abundantemente.

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