sábado, 11 de octubre de 2025

Un momento... Cuando la sal pierde su sabor: una llamado urgente a la Iglesia

 


UN MOMENTO CON DIOS

Cuando la sal pierde su sabor: una llamado urgente a la Iglesia

 

Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada?” (Mateo 5. 13).

 

Esta afirmación no es solo una metáfora, sino una advertencia profunda sobre la identidad y la misión de la Iglesia en medio de una sociedad en crisis.

La sal tiene tres funciones esenciales: da sabor, preserva y provoca sed. Cuando la Iglesia pierde estas cualidades, deja de cumplir su propósito. En tiempos donde la injusticia, la indiferencia y la confusión moral avanzan, el llamado a ser sal cobra más urgencia que nunca.

Hoy, muchas comunidades cristianas enfrentan el riesgo de diluirse en la cultura dominante, adaptándose más al mundo que transformándolo. Cuando la Iglesia deja de denunciar el pecado, de abrazar al quebrantado, de defender al vulnerable, pierde su sabor. Cuando se acomoda al confort y al reconocimiento social, en lugar de vivir con humildad, integridad y sacrificio, deja de preservar la verdad. Y cuando su mensaje ya no provoca sed de Dios, de justicia, de renovación, se vuelve irrelevante.

Ser sal implica incomodidad. Implica resistir la corrupción, confrontar la mentira, y vivir con una autenticidad que despierte hambre espiritual en otros. La Iglesia no está llamada a ser popular, sino fiel. No está llamada a entretener, sino a transformar. No está llamada a esconderse, sino a brillar con la luz de Cristo.

En este contexto, cada creyente debe preguntarse: ¿Estamos dando sabor dónde estamos? ¿Estamos preservando los valores del Reino en nuestro entorno?

La Iglesia que conserva su sabor es aquella que vive las bienaventuranzas, que abraza la cruz, que renuncia a todo por amor a Cristo. Es la que no negocia la verdad, pero la comunica con gracia. Es la que no se conforma a este siglo, sino que se transforma por la renovación del entendimiento (Romanos 12. 2)

Que esta reflexión nos lleve a recuperar el sabor perdido. Que seamos sal viva, que preserve la esperanza, que despierte sed de eternidad, y que transforme esta generación con el poder del Evangelio.

Dios les bendiga abundantemente.

 

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