miércoles, 22 de octubre de 2025

Un momento... Por sus frutos los conocerán

 


UN MOMENTO CON DIOS

Por sus frutos los conocerán

 

"Así que, por sus frutos los conoceréis." (Mateo 7. 20)

 

Estas palabras de Jesús, nos enseñan que el carácter y la autenticidad de una persona no se miden por sus palabras, sino por sus acciones. El "fruto" en la vida espiritual representa el resultado visible de lo que hay en el corazón. Así como un árbol se identifica por lo que produce manzanas, higos o espinos, también los verdaderos discípulos de Cristo se distinguen por su manera de vivir.

Jesús nos advierte que no todo el que habla con lenguaje piadoso o religioso es necesariamente alguien que le pertenece. “No todo el que me dice: Señor, Señor…” (Mateo 7. 21). Las apariencias pueden engañar, y las palabras pueden ser usadas para disfrazar intenciones equivocadas. Pero el fruto las obras, el amor, la obediencia, la humildad, la integridad no puede fingirse por mucho tiempo. Tarde o temprano, lo que hay dentro saldrá a la luz.

Esto tiene dos implicancias importantes. Primero, para discernir a los demás. En un mundo lleno de voces, líderes, maestros y profetas autoproclamados, necesitamos sabiduría para no dejarnos llevar por el carisma o la elocuencia. Jesús dice que los falsos profetas vienen “vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7.15). El criterio para identificar lo verdadero no es la popularidad ni el poder, sino los frutos del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio (Gálatas 5. 22 - 23)

Pero la segunda implicancia es personal. ¿Qué clase de frutos estamos produciendo? ¿Nuestra vida refleja a Cristo o sólo lo mencionamos de palabra? El Señor no busca perfección humana, sino corazones rendidos que den fruto digno de arrepentimiento y obediencia. A través de nuestra conducta, de cómo tratamos a los demás, de cómo respondemos al sufrimiento, a la injusticia o al pecado, mostramos de quién somos realmente.

Dar buenos frutos no es resultado del esfuerzo humano aislado, sino del permanecer en Jesús, como ramas unidas a la vid verdadera (Juan 15. 5). Cuando vivimos en comunión con Él, su vida fluye en nosotros y da fruto natural y duradero.

Así que examinémonos con sinceridad: ¿Qué dicen nuestros frutos sobre nosotros? ¿Estamos dando evidencia de que Cristo vive en nosotros? Que el Espíritu Santo nos ayude a vivir una fe genuina, no sólo de palabra, sino de obra y verdad. Porque al final, por nuestros frutos seremos conocidos.

Dios les bendiga abundantemente.

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