UN MOMENTO CON DIOS
Por sus frutos los conocerán
"Así que, por sus frutos los conoceréis." (Mateo 7. 20)
Estas palabras de Jesús, nos
enseñan que el carácter y la autenticidad de una persona no se miden por sus
palabras, sino por sus acciones. El "fruto" en la vida espiritual
representa el resultado visible de lo que hay en el corazón. Así como un árbol
se identifica por lo que produce manzanas, higos o espinos, también los
verdaderos discípulos de Cristo se distinguen por su manera de vivir.
Jesús nos advierte que no todo
el que habla con lenguaje piadoso o religioso es necesariamente alguien que le
pertenece. “No todo el que me dice: Señor, Señor…” (Mateo 7. 21). Las
apariencias pueden engañar, y las palabras pueden ser usadas para disfrazar
intenciones equivocadas. Pero el fruto las obras, el amor, la obediencia, la
humildad, la integridad no puede fingirse por mucho tiempo. Tarde o temprano,
lo que hay dentro saldrá a la luz.
Esto tiene dos implicancias
importantes. Primero, para discernir a los demás. En un mundo lleno de voces,
líderes, maestros y profetas autoproclamados, necesitamos sabiduría para no
dejarnos llevar por el carisma o la elocuencia. Jesús dice que los falsos
profetas vienen “vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo
7.15). El criterio para identificar lo verdadero no es la popularidad ni el
poder, sino los frutos del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe, mansedumbre y dominio propio (Gálatas 5. 22 - 23)
Pero la segunda implicancia es
personal. ¿Qué clase de frutos estamos produciendo? ¿Nuestra vida refleja a
Cristo o sólo lo mencionamos de palabra? El Señor no busca perfección humana,
sino corazones rendidos que den fruto digno de arrepentimiento y obediencia. A
través de nuestra conducta, de cómo tratamos a los demás, de cómo respondemos
al sufrimiento, a la injusticia o al pecado, mostramos de quién somos
realmente.
Dar buenos frutos no es
resultado del esfuerzo humano aislado, sino del permanecer en Jesús, como ramas
unidas a la vid verdadera (Juan 15. 5). Cuando vivimos en comunión con Él, su
vida fluye en nosotros y da fruto natural y duradero.
Así que examinémonos con
sinceridad: ¿Qué dicen nuestros frutos sobre nosotros? ¿Estamos dando evidencia
de que Cristo vive en nosotros? Que el Espíritu Santo nos ayude a vivir una fe
genuina, no sólo de palabra, sino de obra y verdad. Porque al final, por
nuestros frutos seremos conocidos.
Dios les bendiga
abundantemente.

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