domingo, 12 de octubre de 2025

Un momento... El fin de los malvados

 


UN MOMENTO CON DIOS

El fin de los malvados

 

“Pronto los perversos desaparecerán; por más que los busques, no los encontrarás”.  (Salmo 37. 10)

 

La Biblia es clara al señalar que el camino de los malvados, aunque a veces parezca próspero y sin consecuencias inmediatas, tiene un fin trágico y definitivo si no hay arrepentimiento. A lo largo de las Escrituras, Dios revela que la justicia divina no se retrasa para siempre, y que toda acción, buena o mala, será juzgada.

En el Salmo 37, el salmista contrasta la aparente prosperidad de los impíos con la seguridad eterna de los justos. En el versículo 10 dice: “Pues de aquí a poco no existirá el malo; observarás su lugar, y no estará allí.” Esto nos recuerda que la maldad tiene un límite ante Dios, y aunque los malvados puedan levantarse en poder, riqueza o influencia, su fin es inevitable si perseveran en su injusticia.

Proverbios 14. 11 añade: “La casa de los impíos será destruida; pero florecerá la tienda de los rectos.” Esto enfatiza que la estabilidad y permanencia no están en lo material ni en lo aparente, sino en la integridad y obediencia a Dios.

En el Nuevo Testamento, Jesús también habló del destino de los que rechazan la verdad y practican el mal. En Mateo 13. 41 - 42, explicando la parábola del trigo y la cizaña, dijo que los ángeles “recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego.” Esta es una advertencia solemne de que el juicio vendrá, y la misericordia de Dios no anula su justicia.

Pero este mensaje no es solo condenatorio. La Biblia también nos enseña que Dios no quiere la muerte del impío, sino que se arrepienta (Ezequiel 33.11). Por eso, la paciencia de Dios es una oportunidad para volvernos a Él.

El fin de los malvados no debe generar orgullo en los justos, sino compasión y urgencia por predicar el Evangelio. Porque todos hemos pecado, y solo la gracia de Dios puede salvarnos.

Que esta verdad nos mueva a confiar en la justicia divina, a no envidiar la prosperidad de los impíos y a recordar que el verdadero destino eterno lo define nuestra relación con Dios, no nuestras circunstancias temporales.

Dios les bendiga abundantemente.

 

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