UN MOMENTO CON DIOS
Cuidado: No añadir ni quitar a
la Palabra de Dios
La advertencia de no añadir ni
quitar nada a la Palabra de Dios aparece en varios lugares de la Biblia,
subrayando su importancia. Uno de los textos más claros está en Apocalipsis 22.
18 - 19, donde se dice que quien añada algo a esta profecía recibirá las plagas
descritas, y quien quite algo perderá su parte en el libro de la vida. También
en Deuteronomio 4. 2 y Proverbios 30. 5 - 6 Dios deja en claro su postura: su
Palabra es perfecta y completa, y no debe ser manipulada.
Esta advertencia no es un mero
formalismo. Es un llamado serio a respetar la autoridad de Dios y su
revelación. La Palabra de Dios es santa, viva y eficaz, y alterar su contenido
sea por añadir reglas humanas, doctrinas falsas, o eliminar verdades incómodas
es una ofensa grave. Cuando alguien modifica la Escritura, ya no está
compartiendo la verdad de Dios, sino una versión contaminada que puede llevar a
otros al error y a la perdición.
En nuestra época, la tentación
de modificar la Palabra es constante. Algunos suavizan el mensaje para hacerlo
más aceptable socialmente. Otros agregan revelaciones, visiones o experiencias
personales como si tuvieran la misma autoridad que la Escritura. Algunos niegan
doctrinas fundamentales como el juicio, el pecado, o la exclusividad de Cristo,
con tal de no incomodar. Todo esto es peligroso.
Cuando añadimos a la Palabra,
corremos el riesgo de hacerla decir lo que Dios no dijo. Cuando quitamos
partes, ignoramos su voluntad. Ambas acciones niegan la soberanía de Dios y
colocan al ser humano como juez sobre lo divino. Pero no somos autores de la
verdad, sino receptores de ella.
Además, esta advertencia
implica una responsabilidad para quienes predican, enseñan o interpretan la
Biblia. No podemos adaptarla a nuestros intereses, ideologías o emociones. El
deber del cristiano fiel es transmitir lo que está escrito, tal como fue dado
por el Espíritu Santo, con reverencia y humildad.
La Palabra de Dios no necesita
adornos ni ajustes. Ella es suficiente para salvar, corregir, enseñar y guiar
al ser humano hacia la vida eterna. Modificarla no la mejora; la deshonra.
En tiempos donde la verdad se
relativiza, esta advertencia resuena con fuerza: no juguemos con lo que es
sagrado. Aceptemos la Palabra como lámpara para nuestros pies y fundamento
seguro. Que nunca intentemos mejorar lo perfecto, ni acomodar lo eterno a lo
pasajero. Guardemos su mensaje en integridad, y seremos hallados fieles ante
Dios.
Dios les bendiga
abundantemente.

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