sábado, 18 de octubre de 2025

Un momento... Dios permanece fiel

 


UN MOMENTO CON DIOS

Dios permanece fiel

 

"Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá." (Salmo 27. 10)

 

Esta poderosa declaración de confianza de David resuena en el corazón de todos aquellos que han experimentado el abandono, el rechazo o la ausencia del amor familiar. Es una verdad profundamente consoladora: incluso cuando las figuras más cercanas nos fallan, Dios permanece fiel.

El abandono parental es una de las heridas más profundas que una persona puede experimentar. La figura del padre o de la madre representa, desde la infancia, protección, cuidado, identidad y afecto. Cuando ese vínculo se rompe o nunca se establece, la inseguridad, la soledad y el dolor emocional pueden acompañar a la persona por años. Sin embargo, David nos revela una realidad mayor: el amor de Dios supera incluso el amor de los padres.

David sabía lo que era vivir en condiciones difíciles. Desde joven, fue menospreciado por su familia (1 Samuel 16. 11), perseguido por un rey, traicionado por sus cercanos, y expuesto a situaciones de abandono. Y, sin embargo, aprendió a refugiarse en el amor incondicional de Dios. Él no sólo nos consuela; nos recoge, nos restaura y nos da un lugar en su familia.

Este versículo no niega el dolor del abandono, pero lo enfrenta con una verdad más poderosa: Dios nunca abandona a los suyos. Su fidelidad no depende de nuestras circunstancias, ni de si somos amados por los demás. Él nos escoge, nos llama por nombre, y nos recibe en sus brazos con ternura y compasión.

En Cristo, hemos sido adoptados como hijos de Dios (Efesios 1. 5). Esa identidad es eterna, segura, y no cambia con las heridas humanas. Dios es el Padre de los huérfanos, el defensor del indefenso, el que llena cada vacío con su amor perfecto.

Si hemos sentido la soledad del rechazo o el dolor de la ausencia, este versículo es para nosotros. No estamos solos ni olvidados. Dios mismo nos recoge, nos abraza y nos da valor. Donde otros nos dejaron, Él nos recibe. Donde hubo heridas, Él trae sanidad. Su amor es más profundo que cualquier pérdida.

Confiemos en esta promesa: aunque todo falte, Dios siempre estará con nosotros.

Dios les bendiga abundantemente.

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