UN MOMENTO CON DIOS
Dios permanece fiel
"Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá." (Salmo 27. 10)
Esta poderosa declaración de
confianza de David resuena en el corazón de todos aquellos que han
experimentado el abandono, el rechazo o la ausencia del amor familiar. Es una
verdad profundamente consoladora: incluso cuando las figuras más cercanas nos
fallan, Dios permanece fiel.
El abandono parental es una de
las heridas más profundas que una persona puede experimentar. La figura del
padre o de la madre representa, desde la infancia, protección, cuidado,
identidad y afecto. Cuando ese vínculo se rompe o nunca se establece, la
inseguridad, la soledad y el dolor emocional pueden acompañar a la persona por
años. Sin embargo, David nos revela una realidad mayor: el amor de Dios supera
incluso el amor de los padres.
David sabía lo que era vivir
en condiciones difíciles. Desde joven, fue menospreciado por su familia (1
Samuel 16. 11), perseguido por un rey, traicionado por sus cercanos, y expuesto
a situaciones de abandono. Y, sin embargo, aprendió a refugiarse en el amor
incondicional de Dios. Él no sólo nos consuela; nos recoge, nos restaura y nos
da un lugar en su familia.
Este versículo no niega el
dolor del abandono, pero lo enfrenta con una verdad más poderosa: Dios nunca
abandona a los suyos. Su fidelidad no depende de nuestras circunstancias, ni de
si somos amados por los demás. Él nos escoge, nos llama por nombre, y nos
recibe en sus brazos con ternura y compasión.
En Cristo, hemos sido
adoptados como hijos de Dios (Efesios 1. 5). Esa identidad es eterna, segura, y
no cambia con las heridas humanas. Dios es el Padre de los huérfanos, el
defensor del indefenso, el que llena cada vacío con su amor perfecto.
Si hemos sentido la soledad
del rechazo o el dolor de la ausencia, este versículo es para nosotros. No estamos
solos ni olvidados. Dios mismo nos recoge, nos abraza y nos da valor. Donde
otros nos dejaron, Él nos recibe. Donde hubo heridas, Él trae sanidad. Su amor
es más profundo que cualquier pérdida.
Confiemos en esta promesa:
aunque todo falte, Dios siempre estará con nosotros.
Dios les bendiga
abundantemente.

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