UN MOMENTO CON DIOS
Cuidado con el sentimiento de
odio
“Han oído la ley que dice: “Ama a tu prójimo” y odia a tu enemigo. Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen!” (Mateo 5. 43 – 44)
El odio es un sentimiento que
la Biblia aborda con claridad y profundidad, mostrando las consecuencias que
trae al corazón humano y a la comunidad. Dios, en Su Palabra, revela que el
odio es incompatible con Su naturaleza y Su voluntad para la humanidad. En el
libro de Proverbios, por ejemplo, se nos advierte que el odio despierta
rencillas y conflictos (Proverbios 10. 12), y que es una raíz de problemas que
destruye las relaciones humanas.
Dios nos llama a amar, incluso
a nuestros enemigos (Mateo 5. 44), porque el amor es el mandamiento más grande
y el reflejo de Su carácter. Jesús enseñó que amar al prójimo y perdonar son
señales de pertenecer a Dios. Por eso, el odio es una señal de que el corazón
está lejos de Él. En 1 Juan 4. 20, se dice que quien dice amar a Dios, pero
odia a su hermano, es un mentiroso. Este fuerte mensaje nos muestra que el odio
bloquea la comunión con Dios y daña nuestra vida espiritual.
El odio no solo destruye a
quienes lo reciben, sino también a quienes lo albergan. Llena el corazón de
amargura, ira y resentimiento, afectando la paz interior y provocando una vida
llena de conflictos. En Efesios 4. 31 - 32, Pablo exhorta a los creyentes a
desechar toda amargura, ira y enojo, y a ser bondadosos y compasivos,
perdonándose unos a otros, así como Dios nos perdonó en Cristo. Esta es la
clave para vencer el odio: el perdón que nace del amor de Dios.
Además, el odio se opone al
fruto del Espíritu (Gálatas 5. 19 - 23). Cuando vivimos bajo la guía del
Espíritu Santo, manifestamos amor, paciencia, bondad y dominio propio, que
contrarrestan cualquier sentimiento de odio. La transformación interior que
Dios opera en el creyente nos permite superar el odio y reemplazarlo por amor
genuino.
Dios nos llama a rechazar el
odio y a cultivar el amor y el perdón. El odio aleja de Dios, destruye
relaciones y enferma el alma. Por el contrario, el amor que Él nos da sana,
restaura y une. Vivir en la luz del amor divino es el camino para vencer el
odio, reflejar a Cristo y experimentar la verdadera paz que solo Dios puede
dar. Que cada día sea una oportunidad para elegir amar y perdonar, dejando
atrás todo rencor y odio.
Dios les bendiga
abundantemente.

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