UN MOMENTO CON DIOS
El que calla, otorga
“Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares… el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano.” (Ezequiel 3. 18)
El dicho popular “el que
calla, otorga” expresa una realidad profunda: el silencio, en momentos de
injusticia, mentira o pecado, puede ser interpretado como aprobación. Aunque la
Biblia nos enseña que hay momentos para callar, también deja en claro que hay
circunstancias en las que el silencio se convierte en complicidad.
En Ezequiel 3. 18, Dios dice
al profeta: “Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le
amonestares… el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu
mano.”
Este pasaje nos confronta con una verdad fuerte: cuando el pueblo de Dios
guarda silencio ante el pecado o la injusticia, se hace responsable ante Dios.
Jesús mismo no fue indiferente
al mal. Habló con firmeza contra la hipocresía religiosa, denunció la opresión
de los poderosos y defendió a los despreciados. Él es nuestro ejemplo. La
iglesia, como su cuerpo en la tierra, no puede ser una institución que calla
para no incomodar, para conservar privilegios o para evitar conflictos.
Callar ante el mal no es
neutralidad, es una forma de permitir que el mal avance sin resistencia. Cuando
la iglesia calla frente a la corrupción, al abuso, a la violencia o a la
tergiversación del Evangelio, pierde autoridad espiritual y se aleja de su
propósito profético.
En Proverbios 31. 8 - 9, se
nos exhorta: “Abre tu boca por el mudo, en el juicio de todos los desvalidos.
Abre tu boca, juzga con justicia…”
Esto es un llamado a levantar la voz por los que no pueden defenderse, por la
verdad, por la justicia de Dios.
Ahora bien, hablar no
significa gritar ni atacar. Significa dar testimonio con verdad, con amor, con
firmeza y con sabiduría. Significa no esconderse cuando se necesita claridad
moral. El silencio, cuando hay una necesidad urgente de luz, puede ser una
forma de traicionar el mensaje de Cristo.
La iglesia no fue llamada a
ser espectadora del mundo, sino sal y luz en medio de él. Y eso incluye hablar
cuando muchos prefieren callar.
Que nunca se diga de nosotros
que fuimos cómplices por omisión.
Que hablemos con valor, con verdad y en el tiempo de Dios, porque en el Reino,
el silencio puede ser tan elocuente como las palabras.
Dios les bendiga
abundantemente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario