viernes, 10 de octubre de 2025

Un momento... El que calla otorga

 


UN MOMENTO CON DIOS

El que calla, otorga

 

“Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares… el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano.” (Ezequiel 3. 18)



 

El dicho popular “el que calla, otorga” expresa una realidad profunda: el silencio, en momentos de injusticia, mentira o pecado, puede ser interpretado como aprobación. Aunque la Biblia nos enseña que hay momentos para callar, también deja en claro que hay circunstancias en las que el silencio se convierte en complicidad.

En Ezequiel 3. 18, Dios dice al profeta: “Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares… el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano.”
Este pasaje nos confronta con una verdad fuerte: cuando el pueblo de Dios guarda silencio ante el pecado o la injusticia, se hace responsable ante Dios.

Jesús mismo no fue indiferente al mal. Habló con firmeza contra la hipocresía religiosa, denunció la opresión de los poderosos y defendió a los despreciados. Él es nuestro ejemplo. La iglesia, como su cuerpo en la tierra, no puede ser una institución que calla para no incomodar, para conservar privilegios o para evitar conflictos.

Callar ante el mal no es neutralidad, es una forma de permitir que el mal avance sin resistencia. Cuando la iglesia calla frente a la corrupción, al abuso, a la violencia o a la tergiversación del Evangelio, pierde autoridad espiritual y se aleja de su propósito profético.

En Proverbios 31. 8 - 9, se nos exhorta: “Abre tu boca por el mudo, en el juicio de todos los desvalidos. Abre tu boca, juzga con justicia…”
Esto es un llamado a levantar la voz por los que no pueden defenderse, por la verdad, por la justicia de Dios.

Ahora bien, hablar no significa gritar ni atacar. Significa dar testimonio con verdad, con amor, con firmeza y con sabiduría. Significa no esconderse cuando se necesita claridad moral. El silencio, cuando hay una necesidad urgente de luz, puede ser una forma de traicionar el mensaje de Cristo.

La iglesia no fue llamada a ser espectadora del mundo, sino sal y luz en medio de él. Y eso incluye hablar cuando muchos prefieren callar.

Que nunca se diga de nosotros que fuimos cómplices por omisión.
Que hablemos con valor, con verdad y en el tiempo de Dios, porque en el Reino, el silencio puede ser tan elocuente como las palabras.

Dios les bendiga abundantemente.

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