martes, 28 de octubre de 2025

Un momento... La venganza no está en nuestras manos

 


UN MOMENTO CON DIOS

La venganza no está en nuestras manos

 

“No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.”

(Romanos 12. 19)

 

La venganza es un tema que la Biblia aborda con gran firmeza y sabiduría, advirtiendo sobre los peligros de que el hombre tome en sus manos el juicio y el castigo de quienes le han hecho daño. Dios, en Su justicia perfecta, establece límites claros respecto a la venganza, y llama a sus seguidores a dejarla en Sus manos, porque solo Él conoce plenamente el corazón y la verdad de cada situación.

En Romanos 12. 19, Pablo cita al Señor diciendo: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” Este pasaje es fundamental para entender la perspectiva bíblica sobre la venganza. Dios advierte que no es tarea del ser humano buscar revancha, porque esa responsabilidad le corresponde únicamente a Él. La justicia humana es limitada y a menudo influenciada por emociones, orgullo y prejuicios, mientras que la justicia divina es perfecta, justa y soberana.

Cuando el hombre se aferra a la venganza, puede caer en un ciclo interminable de odio, resentimiento y violencia. La venganza personal puede llevar a consecuencias devastadoras, destruyendo relaciones, familias y comunidades. En cambio, Dios nos invita a responder al mal con bien, a perdonar y a confiar en que Él hará justicia a Su tiempo y manera.

Jesús enseñó en Mateo 5. 38 - 39 que no debemos devolver mal por mal, sino más bien “poner la otra mejilla”. Este mandato radical nos desafía a vivir con un amor que trasciende la justicia humana y refleja el corazón de Dios. El perdón libera al alma del peso del odio y la amargura, y abre camino a la sanidad y la paz interior.

Dejar la venganza en manos de Dios también implica confiar en Su poder para restaurar y equilibrar las injusticias. Aunque no siempre entendamos por qué ciertas cosas ocurren, podemos descansar en la promesa de que Dios no olvida el sufrimiento de Su pueblo y que actuará en el momento oportuno.

En conclusión, Dios nos llama a abandonar la venganza personal y a cultivar un espíritu de perdón y confianza en Su justicia. Al hacerlo, nos liberamos de la carga del resentimiento y permitimos que Su amor y justicia transformen nuestras vidas y relaciones. La venganza en manos del hombre solo genera dolor, pero la justicia en manos de Dios produce restauración y paz duradera.

Dios les bendiga abundantemente.

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