sábado, 1 de noviembre de 2025

Un momento... La necesidad de conocer a Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

La necesidad de conocer a Dios

 

"Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; más si lo dejares, él te desechará para siempre." (1 Crónicas 28. 9)

 

El rey David, al final de su vida, entrega un consejo crucial a su hijo Salomón. No le habla primero de estrategias políticas ni de habilidades de liderazgo, sino de la necesidad fundamental de conocer a Dios. Este consejo sigue siendo vital para nosotros hoy. Conocer a Dios no es una opción para el creyente; es el fundamento de una vida verdadera, recta y con propósito.

David no dice simplemente “cree en Dios” o “sigue las tradiciones”, sino “reconoce al Dios de tu padre”. Esta palabra implica un conocimiento profundo, íntimo y personal. No basta con heredar la fe o vivir de lo que otros creen; cada persona necesita su propio encuentro con Dios. Conocerlo implica pasar tiempo con Él en oración, estudiar Su Palabra, y vivir en obediencia a Su voluntad.

La segunda parte del versículo destaca el servicio a Dios con “corazón perfecto y ánimo voluntario”. No se trata de un servicio forzado o superficial, sino de una entrega sincera, que brota del amor y del conocimiento de quién es Dios. Él no se complace en actos religiosos vacíos; escudriña el corazón y entiende nuestras intenciones. Esto nos invita a examinar constantemente nuestras motivaciones: ¿servimos por amor o por costumbre? ¿Buscamos a Dios o solo sus beneficios?

El pasaje también incluye una promesa poderosa: “Si tú le buscares, lo hallarás”. Dios no se esconde de quienes le buscan con sinceridad. Él anhela revelarse, mostrarnos Su carácter, guiarnos y transformar nuestras vidas. Conocer a Dios nos da dirección, sabiduría, paz y esperanza. Nos libra del engaño, del temor y de la vanidad.

Pero también hay una advertencia: “si lo dejares, él te desechará”. Esto no debe entenderse como una amenaza arbitraria, sino como una consecuencia natural de rechazar la fuente de la vida. Sin Dios, el alma se seca, se extravía, y pierde su rumbo eterno.

Conocer a Dios es la mayor necesidad del ser humano. Es el inicio de toda verdadera sabiduría, el secreto de una vida plena y la garantía de una eternidad con sentido. Que cada día nuestro clamor sea: “Señor, quiero conocerte más”.

Dios les bendiga abundantemente

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