UN MOMENTO CON DIOS
¿Qué es la idolatría para
Dios?
“No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20. 3)
La idolatría, desde la
perspectiva bíblica, es mucho más que adorar imágenes de piedra o madera. Para
Dios, la idolatría representa una traición del corazón, una desviación de la
adoración y confianza que solo Él merece. En toda la Escritura, Dios se revela
como el único digno de ser adorado, y exige exclusividad: “No tendrás dioses
ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). Esta declaración no solo es un mandamiento,
sino una expresión del celo santo de Dios por la fidelidad de Su pueblo.
La idolatría es cualquier cosa
que ocupa en nuestro corazón el lugar que le pertenece a Dios. Puede
manifestarse en formas religiosas (imágenes, figuras, prácticas paganas), pero
también en realidades más sutiles y cotidianas: el amor al dinero, el deseo de
poder, la vanidad, la dependencia de otras personas, el orgullo, el ego, o
incluso la propia familia cuando se convierte en prioridad por encima del
Señor. Jesús fue claro al decir: “Ninguno puede servir a dos señores...” (Mateo
6. 24), enseñando que el corazón del hombre solo puede estar plenamente
entregado a un solo objeto de devoción.
Para Dios, la idolatría es
adulterio espiritual. En múltiples pasajes, como en Oseas o Jeremías, compara
al pueblo idólatra con una esposa infiel. Esto revela el dolor y la gravedad
que Dios atribuye a la infidelidad del corazón. No es solo desobediencia; es
una ruptura de una relación amorosa, una traición a un pacto sagrado.
La idolatría también
esclaviza. El ser humano fue creado para adorar, y cuando no adora al Dios
verdadero, inevitablemente se somete a ídolos que prometen mucho, pero
destruyen al final. El dinero nunca sacia, el poder corrompe, la apariencia se
desvanece, y la aprobación del mundo cambia constantemente. Solo Dios es firme,
verdadero, eterno y capaz de satisfacer el alma humana.
Dios aborrece la idolatría no
porque sea inseguro o necesite nuestra adoración, sino porque sabe que
desviarnos de Él nos destruye. Él es el único camino a la vida, y cuando
buscamos llenar nuestro vacío en ídolos, nos perdemos. Por eso, una vida de fe
exige vigilancia constante del corazón: ¿Qué ocupa nuestros pensamientos? ¿En
qué confiamos realmente? ¿Qué nos da seguridad y sentido?
Dios llama hoy a Su pueblo a
volverse de los ídolos, a destruirlos en su interior, y a regresar a la única
fuente de vida: Él mismo. Como dice 1 Juan 5. 21: “Hijitos, guardaos de los
ídolos”. Este llamado sigue vigente. Porque sólo cuando Dios ocupa Su lugar en
el trono de nuestro corazón, encontramos verdadera libertad, paz y plenitud.
Dios les bendiga
abundantemente.

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