UN MOMENTO CON DIOS
Mi pueblo pereció porque le
faltó conocimiento
“Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento” (Oseas 4. 6)
La poderosa declaración de
Oseas 4. 6 “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento” resuena con
fuerza en nuestros días. No se trata de una falta de información académica o de
ignorancia intelectual, sino de una carencia de sabiduría espiritual, del
verdadero conocimiento de Dios y de Su voluntad. Esta sabiduría no se adquiere
solo con libros o estudios, sino mediante una relación íntima con el Señor y
una vida guiada por Su Palabra.
Dios lamenta que Su propio
pueblo, aquellos que debían ser luz para las naciones, hayan caído en el error
por no buscar Su consejo. El profeta no habla a paganos, sino a quienes habían
recibido la ley, los profetas y la revelación divina. Sin embargo, despreciaron
ese conocimiento y eligieron caminos de idolatría, injusticia y rebelión. El
resultado fue la destrucción espiritual, moral y social.
Hoy vivimos algo similar. Hay
abundancia de iglesias, Biblias, enseñanzas y recursos cristianos, pero la
sabiduría de Dios no siempre gobierna nuestros corazones y decisiones. Muchos
viven su fe de manera superficial, sin profundizar en lo que Dios dice ni
aplicar Su Palabra a sus vidas. Se pierde el temor de Dios, y con ello se
pierde la brújula que guía hacia la vida.
La sabiduría según Dios es
práctica, humilde y transformadora. Proverbios 1. 7 dice: “El principio de la
sabiduría es el temor de Jehová.” Sin reverencia y obediencia a Dios, el
conocimiento se vuelve estéril. No basta saber de Dios; hay que vivir conforme
a Su verdad. Cuando ignoramos los caminos del Señor, el pecado encuentra
terreno fértil, y las consecuencias se hacen visibles: hogares divididos,
violencia, injusticia, corrupción, desesperanza.
Dios quiere que Su pueblo viva
en plenitud, pero esa vida solo es posible cuando hay sabiduría que viene de lo
alto (Santiago 3. 17). Es tiempo de volvernos a las Escrituras con corazón
sincero, de escuchar la voz de Dios y dejar que Su Palabra moldee nuestras
decisiones, prioridades y carácter.
No permitamos que la historia
de Oseas se repita en nosotros. Que no falte la sabiduría en nuestras familias,
congregaciones y naciones. Porque donde falta el conocimiento de Dios, reina el
caos; pero donde se honra Su sabiduría, hay vida, luz y bendición.
Dios les bendiga
abundantemente.

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