miércoles, 26 de noviembre de 2025

Un momento... Su pueblo y la falta de conocimiento de Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

Mi pueblo pereció porque le faltó conocimiento

 “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento” (Oseas 4. 6)

 

La poderosa declaración de Oseas 4. 6 “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento” resuena con fuerza en nuestros días. No se trata de una falta de información académica o de ignorancia intelectual, sino de una carencia de sabiduría espiritual, del verdadero conocimiento de Dios y de Su voluntad. Esta sabiduría no se adquiere solo con libros o estudios, sino mediante una relación íntima con el Señor y una vida guiada por Su Palabra.

Dios lamenta que Su propio pueblo, aquellos que debían ser luz para las naciones, hayan caído en el error por no buscar Su consejo. El profeta no habla a paganos, sino a quienes habían recibido la ley, los profetas y la revelación divina. Sin embargo, despreciaron ese conocimiento y eligieron caminos de idolatría, injusticia y rebelión. El resultado fue la destrucción espiritual, moral y social.

Hoy vivimos algo similar. Hay abundancia de iglesias, Biblias, enseñanzas y recursos cristianos, pero la sabiduría de Dios no siempre gobierna nuestros corazones y decisiones. Muchos viven su fe de manera superficial, sin profundizar en lo que Dios dice ni aplicar Su Palabra a sus vidas. Se pierde el temor de Dios, y con ello se pierde la brújula que guía hacia la vida.

La sabiduría según Dios es práctica, humilde y transformadora. Proverbios 1. 7 dice: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová.” Sin reverencia y obediencia a Dios, el conocimiento se vuelve estéril. No basta saber de Dios; hay que vivir conforme a Su verdad. Cuando ignoramos los caminos del Señor, el pecado encuentra terreno fértil, y las consecuencias se hacen visibles: hogares divididos, violencia, injusticia, corrupción, desesperanza.

Dios quiere que Su pueblo viva en plenitud, pero esa vida solo es posible cuando hay sabiduría que viene de lo alto (Santiago 3. 17). Es tiempo de volvernos a las Escrituras con corazón sincero, de escuchar la voz de Dios y dejar que Su Palabra moldee nuestras decisiones, prioridades y carácter.

No permitamos que la historia de Oseas se repita en nosotros. Que no falte la sabiduría en nuestras familias, congregaciones y naciones. Porque donde falta el conocimiento de Dios, reina el caos; pero donde se honra Su sabiduría, hay vida, luz y bendición.

Dios les bendiga abundantemente.

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