UN MOMENTO CON DIOS
No volvamos atrás
“Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” (Lucas 9. 62)
A lo largo de toda la
Escritura, Dios llama a su pueblo a caminar hacia adelante con fe, obediencia y
determinación. Volver atrás, en términos espirituales, es retroceder al viejo
estilo de vida, a las costumbres del mundo, a la esclavitud del pecado de la
cual fuimos rescatados. Por eso, Dios nos advierte con claridad: no vuelvan
atrás.
Jesús mismo dijo en Lucas 9. 62:
“Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el
reino de Dios.” Esta declaración es fuerte, pero clara. No hay lugar para la
doble vida, para la nostalgia por el pasado pecaminoso ni para la indecisión.
Una vez que hemos conocido la gracia de Dios y hemos emprendido el camino con
Él, debemos seguir adelante con fidelidad, sin volver atrás.
Volver atrás no siempre
significa regresar abiertamente al pecado, a veces se manifiesta en la frialdad
espiritual, en la falta de compromiso, en la duda constante o en el deseo de
vivir según la propia voluntad. Así como el pueblo de Israel, al enfrentar
dificultades en el desierto, quería volver a Egipto, muchos creyentes hoy
también enfrentan la tentación de mirar atrás cuando los tiempos se tornan
difíciles. Pero el mensaje de Dios es firme: el pasado no tiene nada que
ofrecernos que valga más que lo que Él ha prometido delante.
En Hebreos 10. 38 - 39 se nos
dice: “Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma.
Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que
tienen fe para preservación del alma.” Aquí se nos presenta un llamado a la
firmeza. Retroceder implica pérdida, y la fe verdadera avanza aún en medio de
la adversidad.
Dios no nos abandona en el
camino, Él nos sostiene, guía y fortalece. Nos ha dado su Espíritu para
ayudarnos a perseverar. Por eso, cuando sintamos el impulso de volver atrás,
debemos recordar quiénes somos en Cristo, lo que hemos dejado atrás, y lo que
Él ha preparado delante de nosotros. Nuestra mirada debe estar puesta en Jesús,
el autor y consumador de nuestra fe.
Sigamos adelante con firmeza.
Aunque el camino sea estrecho, vale la pena caminarlo con Dios.
Dios les bendiga
abundantemente.

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