miércoles, 19 de noviembre de 2025

Un momento... Para Dios el fin no justifica los medios

 


UN MOMENTO CON DIOS

Para Dios el fin no justifica los medios

 

"¿Y por qué no decir: Hagamos males para que vengan bienes? —como se nos calumnia, y como algunos afirman que nosotros decimos—. La condenación de los tales es justa." (Romanos 3. 8 )

 

Este versículo de la carta a los Romanos nos lleva a una profunda reflexión sobre el uso distorsionado de la gracia de Dios y la ética cristiana. El apóstol Pablo está respondiendo a una acusación maliciosa: algunos afirmaban que él enseñaba que se podía hacer el mal con el fin de que Dios mostrara más claramente su gracia y, por tanto, que vendrían bienes espirituales de esa maldad.

La lógica torcida que Pablo rechaza aquí es muy actual. En esencia, plantea: “Si mi pecado hace que la justicia o misericordia de Dios se vea más claramente, ¿por qué no pecar más?” Esta idea, aunque absurda, revela el corazón engañoso del ser humano que busca justificar el mal bajo un manto de supuesta piedad o propósito mayor.

Pablo responde con firmeza: “La condenación de los tales es justa.” No hay excusa válida para hacer el mal, ni siquiera si creemos que puede traer un supuesto bien. Esta frase corta y directa nos recuerda que el fin no justifica los medios, especialmente en la vida cristiana. Dios es justo y santo, y no puede ser manipulado por razonamientos humanos corruptos.

Además, este pasaje nos enseña que la gracia no debe ser usada como licencia para pecar. Cuando tergiversamos la gracia, caemos en lo que algunos teólogos llaman “antinomianismo”: la creencia de que, como somos salvos por gracia, la obediencia ya no importa. Pero la verdadera fe produce frutos de santidad. Si entendemos correctamente el evangelio, no nos motivará a pecar más, sino a amar más a Dios y a vivir conforme a su voluntad.

También hay aquí una advertencia contra la calumnia y la tergiversación del mensaje cristiano. Pablo defiende no solo la doctrina, sino también la integridad de su ministerio. Los creyentes están llamados a vivir de tal manera que su testimonio no dé pie a este tipo de malinterpretaciones. Nuestra vida debe reflejar la verdad que predicamos.

Romanos 3. 8 nos recuerda que Dios no aprueba la maldad, ni siquiera cuando se pretende usar con un propósito “espiritual”. La justicia de Dios es inquebrantable, y su gracia no debe ser manipulada. Que nuestras vidas sean un reflejo de esa verdad, caminando en obediencia, humildad y amor sincero por el Señor.

Dios les bendiga abundantemente.

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