UN MOMENTO CON DIOS
Para Dios el fin no justifica los medios
"¿Y por qué no decir: Hagamos males para que vengan bienes? —como se nos calumnia, y como algunos afirman que nosotros decimos—. La condenación de los tales es justa." (Romanos 3. 8 )
Este versículo de la carta a
los Romanos nos lleva a una profunda reflexión sobre el uso distorsionado de la
gracia de Dios y la ética cristiana. El apóstol Pablo está respondiendo a una
acusación maliciosa: algunos afirmaban que él enseñaba que se podía hacer el
mal con el fin de que Dios mostrara más claramente su gracia y, por tanto, que
vendrían bienes espirituales de esa maldad.
La lógica torcida que Pablo
rechaza aquí es muy actual. En esencia, plantea: “Si mi pecado hace que la
justicia o misericordia de Dios se vea más claramente, ¿por qué no pecar más?”
Esta idea, aunque absurda, revela el corazón engañoso del ser humano que busca justificar
el mal bajo un manto de supuesta piedad o propósito mayor.
Pablo responde con firmeza:
“La condenación de los tales es justa.” No hay excusa válida para hacer el mal,
ni siquiera si creemos que puede traer un supuesto bien. Esta frase corta y directa
nos recuerda que el fin no justifica los medios, especialmente en la vida
cristiana. Dios es justo y santo, y no puede ser manipulado por razonamientos
humanos corruptos.
Además, este pasaje nos enseña
que la gracia no debe ser usada como licencia para pecar. Cuando tergiversamos
la gracia, caemos en lo que algunos teólogos llaman “antinomianismo”: la
creencia de que, como somos salvos por gracia, la obediencia ya no importa.
Pero la verdadera fe produce frutos de santidad. Si entendemos correctamente el
evangelio, no nos motivará a pecar más, sino a amar más a Dios y a vivir
conforme a su voluntad.
También hay aquí una
advertencia contra la calumnia y la tergiversación del mensaje cristiano. Pablo
defiende no solo la doctrina, sino también la integridad de su ministerio. Los
creyentes están llamados a vivir de tal manera que su testimonio no dé pie a
este tipo de malinterpretaciones. Nuestra vida debe reflejar la verdad que
predicamos.
Romanos 3. 8 nos recuerda que
Dios no aprueba la maldad, ni siquiera cuando se pretende usar con un propósito
“espiritual”. La justicia de Dios es inquebrantable, y su gracia no debe ser
manipulada. Que nuestras vidas sean un reflejo de esa verdad, caminando en
obediencia, humildad y amor sincero por el Señor.
Dios les bendiga
abundantemente.

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