UN MOMENTO CON DIOS
Dios se interesa por el
corazón y las acciones
“Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; pero Jehová pesa los corazones.” (Proverbios 21. 2)
Esta poderosa afirmación nos
recuerda una verdad fundamental: mientras los seres humanos juzgan según lo
exterior y justifican sus propios caminos, Dios escudriña el corazón y evalúa
las intenciones más profundas que hay detrás de cada acción.
Vivimos en una época donde las
apariencias suelen tener más valor que la realidad interior. Es fácil caer en
la trampa de justificar nuestras decisiones, presentarlas como correctas o
incluso espirituales, aunque en lo profundo de nuestro ser haya orgullo,
egoísmo o conveniencia. Sin embargo, este proverbio nos advierte que el juicio
de Dios no se basa en lo que aparentamos, sino en la verdad de nuestro corazón.
La Biblia está llena de
ejemplos que confirman esta verdad. Saúl, el primer rey de Israel, ofreció un
sacrificio que aparentemente era un acto de devoción, pero Dios rechazó su
ofrenda porque su corazón era desobediente. En contraste, David fue llamado “un
hombre conforme al corazón de Dios”, no porque fuera perfecto, sino porque su
corazón buscaba sinceramente agradar a Dios. Estos contrastes nos muestran que
no basta con hacer “lo correcto” a los ojos humanos, sino que nuestras acciones
deben fluir de un corazón íntegro.
El proverbio también nos
recuerda nuestra tendencia natural a autoengañarnos: “Todo camino del hombre es
recto en su propia opinión.” Cuántas veces justificamos decisiones, actitudes o
palabras duras, convencidos de que tenemos la razón, sin considerar si
realmente estamos alineados con los principios de Dios. Por eso, necesitamos
constantemente orar como el salmista: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
pruébame y conoce mis pensamientos” (Salmo 139. 23)
Dios desea coherencia entre lo
que hacemos y lo que somos. Él busca corazones humildes, sinceros y
transformados, no simplemente obras externas. Es posible aparentar religiosidad
y tener un corazón lejos de Dios, pero es imposible engañar al Señor. Su mirada
penetra donde nadie más puede ver.
Que esta reflexión nos lleve a
una vida de integridad, donde nuestras acciones estén en armonía con un corazón
rendido a Dios. Que nuestras decisiones no se basen en lo que nos parece bien,
sino en lo que agrada al Señor. Solo así podremos vivir una fe auténtica, que
honra a Dios en lo íntimo y en lo visible.
Dios les bendiga
abundantemente.

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