viernes, 7 de noviembre de 2025

Un momento... La honestidad

 


UN MOMENTO CON DIOS

La honestidad 

 

“Los labios mentirosos son abominación a Jehová; pero los que hacen verdad son su contentamiento”. (Proverbios 12. 22)

 

La honestidad es una virtud fundamental en la vida del creyente. No se trata simplemente de no mentir o no robar, sino de vivir con integridad, transparencia y rectitud delante de Dios y de los hombres. En un mundo donde la mentira se justifica, el engaño se normaliza y la doble moral abunda, Dios llama a Su pueblo a ser íntegro en todo. La honestidad no es solo deseable; es necesaria para vivir en comunión con Él.

La Escritura es clara respecto al valor que Dios le da a la honestidad. Proverbios 12. 22 declara: “Los labios mentirosos son abominación a Jehová; pero los que hacen verdad son su contentamiento”. Dios se complace en los que caminan en verdad, porque Él mismo es verdad. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14. 6), y quienes lo siguen están llamados a reflejar esa verdad con sus palabras, pensamientos y acciones.

La honestidad comienza en el corazón. No basta con tener una buena imagen pública; Dios examina lo más profundo del alma. Ser honestos implica reconocer nuestras faltas, confesar nuestros pecados, no aparentar lo que no somos y actuar con justicia incluso cuando nadie nos ve. Muchas veces, el engaño se disfraza de silencio, evasión o medias verdades, pero ante Dios no hay sombras ni excusas que valgan. Él ve más allá de nuestras palabras, conoce nuestras intenciones.

Un corazón honesto es humilde. Reconoce su necesidad de Dios, no se justifica con falsedades, no se excusa con mentiras piadosas ni con dobles discursos. El salmista oraba: “Tú amas la verdad en lo íntimo” (Salmo 51. 6), y esa sigue siendo la expectativa de Dios para cada uno de nosotros: que vivamos en la luz, sin doblez, sin máscaras.

Además, la honestidad es el fundamento de la confianza, tanto en nuestras relaciones humanas como en nuestra relación con Dios. Cuando somos íntegros, damos testimonio del carácter de Cristo, y nuestras vidas se convierten en faros de verdad en medio de un mundo confundido. La falta de honestidad, en cambio, rompe relaciones, daña el testimonio cristiano y enfría la fe.

Hoy más que nunca, Dios busca creyentes íntegros, que no se vendan por conveniencia ni cedan ante la presión del sistema. Personas que hablen verdad, vivan con transparencia y se mantengan firmes en su integridad, aun si eso les cuesta. Porque a los ojos de Dios, la honestidad no es una cualidad secundaria, sino una manifestación del nuevo corazón que Él nos da en Cristo. Y quienes caminan en verdad, caminan con Él.

Dios les bendiga abundantemente.

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