UN MOMENTO CON DIOS
La honestidad
“Los labios mentirosos son abominación a Jehová; pero los que hacen verdad son su contentamiento”. (Proverbios 12. 22)
La honestidad es una virtud
fundamental en la vida del creyente. No se trata simplemente de no mentir o no
robar, sino de vivir con integridad, transparencia y rectitud delante de Dios y
de los hombres. En un mundo donde la mentira se justifica, el engaño se
normaliza y la doble moral abunda, Dios llama a Su pueblo a ser íntegro en
todo. La honestidad no es solo deseable; es necesaria para vivir en comunión
con Él.
La Escritura es clara respecto
al valor que Dios le da a la honestidad. Proverbios 12. 22 declara: “Los labios
mentirosos son abominación a Jehová; pero los que hacen verdad son su
contentamiento”. Dios se complace en los que caminan en verdad, porque Él mismo
es verdad. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14. 6), y
quienes lo siguen están llamados a reflejar esa verdad con sus palabras,
pensamientos y acciones.
La honestidad comienza en el
corazón. No basta con tener una buena imagen pública; Dios examina lo más
profundo del alma. Ser honestos implica reconocer nuestras faltas, confesar
nuestros pecados, no aparentar lo que no somos y actuar con justicia incluso
cuando nadie nos ve. Muchas veces, el engaño se disfraza de silencio, evasión o
medias verdades, pero ante Dios no hay sombras ni excusas que valgan. Él ve más
allá de nuestras palabras, conoce nuestras intenciones.
Un corazón honesto es humilde.
Reconoce su necesidad de Dios, no se justifica con falsedades, no se excusa con
mentiras piadosas ni con dobles discursos. El salmista oraba: “Tú amas la
verdad en lo íntimo” (Salmo 51. 6), y esa sigue siendo la expectativa de Dios
para cada uno de nosotros: que vivamos en la luz, sin doblez, sin máscaras.
Además, la honestidad es el
fundamento de la confianza, tanto en nuestras relaciones humanas como en
nuestra relación con Dios. Cuando somos íntegros, damos testimonio del carácter
de Cristo, y nuestras vidas se convierten en faros de verdad en medio de un
mundo confundido. La falta de honestidad, en cambio, rompe relaciones, daña el
testimonio cristiano y enfría la fe.
Hoy más que nunca, Dios busca
creyentes íntegros, que no se vendan por conveniencia ni cedan ante la presión
del sistema. Personas que hablen verdad, vivan con transparencia y se mantengan
firmes en su integridad, aun si eso les cuesta. Porque a los ojos de Dios, la
honestidad no es una cualidad secundaria, sino una manifestación del nuevo
corazón que Él nos da en Cristo. Y quienes caminan en verdad, caminan con Él.
Dios les bendiga
abundantemente.

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