jueves, 13 de noviembre de 2025

Un momento... Someterse a Dios y resistir al enemigo

 


UN MOMENTO CON DIOS

Someterse a Dios y resistir al enemigo

 

 “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4. 7)

 

Santiago 4. 7 nos presenta una poderosa exhortación que encierra dos acciones fundamentales para la vida cristiana: someterse a Dios y resistir al diablo. Esta orden, sencilla en palabras, pero profunda en implicancias, nos enseña cómo caminar con autoridad espiritual y permanecer firmes en la fe.

La primera parte “Someteos, pues, a Dios” es la base de toda victoria espiritual. Someterse a Dios significa reconocer Su señorío en cada aspecto de nuestra vida: voluntad, decisiones, emociones, deseos y acciones. No se trata de una obediencia parcial u ocasional, sino de una entrega total. Esta sumisión implica humildad, arrepentimiento, búsqueda constante y una vida alineada con Su Palabra. Sin esta actitud de rendición, el creyente carece de la fuerza espiritual necesaria para resistir la tentación y el ataque del enemigo.

La segunda parte del versículo “resistid al diablo, y huirá de vosotros” nos muestra que el cristiano tiene un papel activo en la lucha espiritual. No estamos llamados a huir del diablo, sino a resistirlo. Esta resistencia no es con armas humanas, sino espirituales: la oración, la fe, la obediencia, la Palabra de Dios, y el poder del Espíritu Santo. Jesús mismo nos dio ejemplo en el desierto, resistiendo al tentador con las Escrituras, permaneciendo firme en la verdad de Dios.

El orden del versículo es crucial. No podemos resistir eficazmente al diablo si no estamos sometidos primero a Dios. Intentar enfrentar las fuerzas del mal en nuestras propias fuerzas es peligroso e inútil. La autoridad para resistir viene de nuestra sujeción a Cristo. Cuando vivimos bajo su gobierno, estamos cubiertos por Su poder y protegidos por Su gracia. Entonces el enemigo huye, no porque nos tema a nosotros, sino porque teme al Dios en quien confiamos.

Este pasaje también nos recuerda que el diablo no tiene poder ilimitado sobre la vida del creyente. Cuando resistimos en el nombre de Jesús y bajo su autoridad, el enemigo debe retirarse. La huida del diablo no es una posibilidad incierta, es una promesa segura para quienes viven en obediencia.

Santiago 4. 7 nos llama a vivir en humildad y dependencia de Dios, pero también en valentía espiritual. El sometimiento y la resistencia van de la mano. Es en esa combinación donde el creyente encuentra protección, victoria y paz. La vida cristiana no es pasiva, es una lucha diaria, pero en Cristo ya tenemos la victoria asegurada.

Dios les bendiga abundantemente.

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