jueves, 27 de noviembre de 2025

Un momento... Un regalo inmerecido

 


UN MOMENTO CON DIOS

Un regalo inmerecido


"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios." (Efesios 2. 8 )

 

Efesios 2. 8 es uno de los versículos más claros y poderosos sobre la naturaleza de la salvación. El apóstol Pablo nos recuerda que nuestra salvación no es el resultado de nuestros esfuerzos, méritos o buenas obras, sino un regalo inmerecido que Dios nos otorga por Su gracia. Esta verdad derriba todo orgullo humano y nos invita a vivir con humildad y gratitud.

La palabra gracia significa “favor inmerecido”. No hay nada que podamos hacer para ganarnos el perdón de Dios; todo lo ha hecho Cristo en la cruz. Nosotros estábamos espiritualmente muertos por el pecado (Efesios 2. 1), sin capacidad de acercarnos a Dios, pero Él, en Su amor, tomó la iniciativa y nos ofreció vida eterna. La fe es el medio por el cual recibimos esa gracia, pero incluso esa fe no nace de nosotros, sino que es un regalo de Dios.

Este versículo también corrige una de las ideas más comunes pero equivocadas: la de pensar que “si me porto bien, iré al cielo”. Pablo deja claro que las buenas obras no son la causa de nuestra salvación, sino su consecuencia (Efesios 2. 10). Las obras son el fruto natural de un corazón transformado, no la condición para ser aceptados por Dios.

La salvación por gracia también nos libera de la esclavitud del perfeccionismo y de la ansiedad espiritual. No vivimos tratando de ganar el favor de Dios, sino descansando en lo que Cristo ya hizo por nosotros. Esto no nos lleva a la pasividad, sino a un compromiso más profundo, pues cuando entendemos la magnitud del amor y la misericordia de Dios, deseamos servirle y obedecerle con todo nuestro ser.

Efesios 2. 8 nos recuerda que todo en nuestra vida cristiana comienza con Dios y termina con Dios. Somos salvos para la gloria de Su nombre, no para la exaltación del nuestro. La gracia no solo nos salva, sino que nos sostiene y nos transforma cada día.

Por eso, nuestra respuesta debe ser vivir con gratitud constante, confiando en que lo que comenzó por gracia será perfeccionado por gracia. Así, cada paso que demos será un testimonio vivo de que “la salvación pertenece al Señor” (Jonás 2. 9) y que todo lo que somos se lo debemos a Él.

Dios les bendiga abundantemente.

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