UN MOMENTO CON DIOS
Poner la mirada en las cosas
de Dios
“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” (Colosenses 3. 2)
Vivimos en una sociedad que
constantemente nos bombardea con mensajes que exaltan lo material, el éxito personal,
la apariencia y el placer inmediato. En medio de este ruido, Dios nos llama a
levantar la mirada, a no poner el corazón en las cosas pasajeras del mundo,
sino a enfocarnos en lo eterno, en lo que realmente tiene valor. El apóstol
Pablo exhorta en Colosenses 3. 2: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en
las de la tierra.”
Poner la mirada en las cosas
de Dios significa dirigir nuestros pensamientos, deseos y prioridades hacia lo
que proviene de Él: la verdad, la justicia, el amor, la santidad, la fe. Es
vivir con una perspectiva celestial, sabiendo que todo lo que hay en el mundo
es temporal. Como dice 1 Juan 2. 17: “El mundo pasa, y sus deseos; pero el que
hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”
Cuando fijamos la vista solo
en lo terrenal, corremos el riesgo de vivir ansiosos, vacíos y atrapados en una
carrera que nunca satisface. La codicia, la vanidad, el orgullo y el afán por
reconocimiento son trampas sutiles que alejan al corazón de Dios. Jesús lo
advirtió claramente: “Nadie puede servir a dos señores…” (Mateo 6. 24). No
podemos amar a Dios y al mismo tiempo vivir esclavos del sistema del mundo.
Por eso, el cristiano está
llamado a renovar su mente cada día (Romanos 12. 2), a no conformarse a este
siglo, sino a buscar la voluntad de Dios en cada área de su vida. Esto implica
tomar decisiones contraculturales, decir “no” a lo que todos celebran si eso
contradice la verdad de Cristo, y vivir con una fe que no se deja arrastrar por
las modas, sino que se aferra al Evangelio.
Poner la mirada en las cosas
de Dios también es una forma de esperanza. Es recordar que este mundo no es
nuestro destino final, que somos peregrinos en camino a una patria celestial.
Significa vivir cada día con la expectativa del regreso de Cristo, trabajando
con diligencia, pero sin perder el enfoque eterno.
Solo cuando dejamos de mirar
al mundo como nuestra fuente de valor, dirección o propósito, podemos
experimentar la verdadera libertad. Y al mirar constantemente al cielo, nuestro
corazón se llena de paz, gozo y propósito, porque sabemos en quién hemos
creído.
Dios les bendiga
abundantemente.

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