lunes, 24 de noviembre de 2025

Un momento... Poner la mirada en las cosas de Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

Poner la mirada en las cosas de Dios

 

“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” (Colosenses 3. 2)

 

Vivimos en una sociedad que constantemente nos bombardea con mensajes que exaltan lo material, el éxito personal, la apariencia y el placer inmediato. En medio de este ruido, Dios nos llama a levantar la mirada, a no poner el corazón en las cosas pasajeras del mundo, sino a enfocarnos en lo eterno, en lo que realmente tiene valor. El apóstol Pablo exhorta en Colosenses 3. 2: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”

Poner la mirada en las cosas de Dios significa dirigir nuestros pensamientos, deseos y prioridades hacia lo que proviene de Él: la verdad, la justicia, el amor, la santidad, la fe. Es vivir con una perspectiva celestial, sabiendo que todo lo que hay en el mundo es temporal. Como dice 1 Juan 2. 17: “El mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

Cuando fijamos la vista solo en lo terrenal, corremos el riesgo de vivir ansiosos, vacíos y atrapados en una carrera que nunca satisface. La codicia, la vanidad, el orgullo y el afán por reconocimiento son trampas sutiles que alejan al corazón de Dios. Jesús lo advirtió claramente: “Nadie puede servir a dos señores…” (Mateo 6. 24). No podemos amar a Dios y al mismo tiempo vivir esclavos del sistema del mundo.

Por eso, el cristiano está llamado a renovar su mente cada día (Romanos 12. 2), a no conformarse a este siglo, sino a buscar la voluntad de Dios en cada área de su vida. Esto implica tomar decisiones contraculturales, decir “no” a lo que todos celebran si eso contradice la verdad de Cristo, y vivir con una fe que no se deja arrastrar por las modas, sino que se aferra al Evangelio.

Poner la mirada en las cosas de Dios también es una forma de esperanza. Es recordar que este mundo no es nuestro destino final, que somos peregrinos en camino a una patria celestial. Significa vivir cada día con la expectativa del regreso de Cristo, trabajando con diligencia, pero sin perder el enfoque eterno.

Solo cuando dejamos de mirar al mundo como nuestra fuente de valor, dirección o propósito, podemos experimentar la verdadera libertad. Y al mirar constantemente al cielo, nuestro corazón se llena de paz, gozo y propósito, porque sabemos en quién hemos creído.

Dios les bendiga abundantemente.

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