domingo, 23 de noviembre de 2025

Un momento... Entre lo bueno y lo mejor

 


UN MOMENTO CON DIOS

Entre lo bueno y lo mejor

 

“Y esto pido en oración: que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo.” (Filipenses 1. 9 – 10)

 

Cuando una persona entrega su vida a Cristo, experimenta una transformación profunda. Ya no camina según los deseos de la carne, sino según el Espíritu. Esta nueva vida no solo implica alejarse del pecado evidente, sino también aprender a discernir entre lo bueno y lo mejor. Para el creyente maduro, el conflicto ya no es simplemente evitar lo malo, sino elegir sabiamente lo que más agrada a Dios.

En Filipenses 1. 9 - 10, el apóstol Pablo ora: “Y esto pido en oración: que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo.” Aquí vemos que el cristiano está llamado no solo a rechazar el mal, sino a abrazar lo mejor: aquello que refleja mayor sabiduría, amor y madurez espiritual.

A veces nos conformamos con lo que es “suficientemente bueno”, lo que no es pecado, pero tampoco edifica plenamente. Sin embargo, el llamado de Dios es a una vida de excelencia espiritual. Esto implica preguntarse en cada decisión: ¿Esto glorifica a Dios? ¿Esto me acerca más a Cristo? ¿Esto edifica mi vida y la de otros? No todo lo que es lícito conviene (1 Corintios 10. 23), y no todo lo que es bueno es lo que Dios quiere para nosotros en determinado momento.

Un cristiano que ha crecido en la fe ya no está enfocado en simplemente evitar lo malo. Su corazón está orientado a buscar la voluntad de Dios en todo. Ya no se pregunta: “¿Esto es pecado?”, sino: “¿Esto agrada al Señor?” Esa es la diferencia entre alguien que apenas ha comenzado la carrera de la fe, y aquel que ha madurado en ella.

Elegir entre lo bueno y lo mejor requiere discernimiento, sensibilidad espiritual y una relación íntima con Dios. No se trata de legalismo ni de perfeccionismo, sino de vivir con propósito, sabiendo que fuimos llamados a ser luz, a reflejar el carácter de Cristo en todo.

Que el anhelo del cristiano no sea simplemente evitar el mal, sino buscar siempre lo mejor: lo que glorifica a Dios, bendice a los demás y fortalece su propio caminar en santidad. En cada área de la vida, Dios tiene un “mejor” reservado para quienes lo buscan con todo el corazón.

Dios les bendiga abundantemente.

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