UN MOMENTO CON DIOS
Estar atentos y preparados
"Vosotros, pues, también estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá." (Lucas 12. 40)
Este versículo es una
advertencia y, al mismo tiempo, una exhortación de Jesús a vivir en un estado
constante de preparación espiritual. No se trata de un temor paralizante, sino
de una conciencia despierta que nos recuerda que la vida cristiana no es una
rutina vacía, sino una espera activa y vigilante.
Jesús nos dice que el momento
de su venida será inesperado. Esto nos enseña que no podemos posponer la
obediencia, el arrepentimiento o la entrega total a Dios para “más adelante”.
Muchos viven pensando que tendrán tiempo para reconciliarse con el Señor, pero
la realidad es que nadie sabe el día ni la hora, ni de su regreso ni del final
de su vida en esta tierra.
Estar preparados significa
vivir cada día como si fuera el último, no desde la desesperación, sino desde
la fidelidad. Implica cuidar nuestro caminar, cultivar nuestra relación con
Dios y mantener nuestras prioridades alineadas con su voluntad. En la parábola
anterior, Jesús hablaba del siervo fiel y del infiel: el fiel permanece
trabajando con responsabilidad aun cuando su señor tarda en venir; el infiel,
en cambio, se descuida y se deja llevar por sus deseos egoístas.
La preparación que Jesús
demanda no se limita a evitar el pecado, sino que también implica servir
activamente en el reino de Dios. Es vivir con propósito, entendiendo que todo
lo que hacemos debe glorificar al Señor. Así, nuestra fe no se convierte en un
adorno para los días de culto, sino en un compromiso real que transforma cada
aspecto de nuestra vida.
En un mundo donde el afán, las
distracciones y la incredulidad nos rodean, la advertencia de Lucas 12. 40
cobra más relevancia que nunca. La venida del Señor será una sorpresa para
muchos, pero para el creyente vigilante será un motivo de gozo, no de miedo.
Este versículo nos llama a
reflexionar: si hoy fuera el día en que el Hijo del Hombre viniera, ¿nos
encontraría listos? Estar preparados significa vivir con una fe activa, un
corazón limpio y una esperanza firme en su promesa.
En resumen, Lucas 12. 40 nos
recuerda que la preparación no es un evento aislado, sino un estilo de vida:
caminar cada día en comunión con Cristo, listos para recibirlo, ya sea que
venga en la noche o en el amanecer.
Dios les bendiga
abundantemente.

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