domingo, 16 de noviembre de 2025

Un momento... Hacer todo para glorifica a Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

Hacer todo para glorifica a Dios

 

"Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, más yo no me dejaré dominar de ninguna." (1 Corintios 6. 12)

 

El apóstol Pablo, en este versículo, nos presenta una profunda enseñanza sobre la libertad cristiana y la responsabilidad que conlleva. En Cristo hemos sido liberados de la condenación de la ley y de las cadenas del pecado. Sin embargo, esa libertad no debe interpretarse como un permiso para hacer cualquier cosa sin considerar las consecuencias espirituales, morales o incluso físicas de nuestras acciones.

Cuando Pablo dice “todas las cosas me son lícitas”, no está afirmando que todo sea bueno o agradable a Dios, sino que el creyente ya no vive bajo una lista rígida de prohibiciones, sino guiado por el Espíritu Santo y por principios espirituales. Pero de inmediato añade la advertencia: “no todas convienen”. Es decir, no todo lo que podemos hacer nos edifica, fortalece nuestra fe o glorifica al Señor. Hay cosas que, aunque no sean abiertamente pecaminosas, pueden ser un obstáculo en nuestro crecimiento espiritual o un tropiezo para otros.

La segunda parte del versículo es aún más desafiante: “no me dejaré dominar de ninguna”. Aquí Pablo habla de la autodisciplina y del señorío de Cristo sobre nuestra vida. El verdadero problema no es solo si algo es “permitido”, sino si nos esclaviza, si nos controla o si desplaza a Dios del primer lugar. Esto aplica a los hábitos, relaciones, pasatiempos, entretenimientos e incluso a la manera en que usamos nuestro tiempo y recursos.

En la vida diaria, esta enseñanza nos lleva a evaluar nuestras decisiones con dos preguntas claves:

¿Esto me acerca más a Cristo o me aleja?

¿Soy yo quien controla esto o es esto lo que me controla a mí?

La libertad cristiana no es una excusa para la complacencia, sino una oportunidad para vivir de manera más excelente, guiados por el amor y la verdad. Lo que hacemos no solo debe ser “lícito”, sino también edificante para nosotros y para quienes nos rodean.

En resumen, 1 Corintios 6. 12 nos recuerda que el creyente no se rige solo por lo que es permitido, sino por lo que es provechoso y glorifica a Dios. La verdadera libertad en Cristo se manifiesta cuando, aun pudiendo hacer algo, elegimos lo que conviene para la santidad, la paz y la edificación del cuerpo de Cristo.

Dios les bendiga abundantemente.

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