UN MOMENTO CON DIOS
Podemos tener tiempos
difíciles, pero nunca un día sin Dios
“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.” (Isaías 43. 2)
En la travesía de la vida, los
días difíciles son inevitables. Hay momentos en que el dolor, la incertidumbre
o el cansancio parecen envolverlo todo. Sin embargo, hay una verdad que
permanece firme como una roca: nunca vivimos un solo día sin Dios. Esta certeza
transforma incluso las temporadas más oscuras en oportunidades para
experimentar Su fidelidad.
La Escritura nos recuerda que
Dios no abandona a los suyos. En Isaías 43. 2, Él declara: “Cuando pases por
las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases
por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.” Este versículo no
promete ausencia de dificultades, sino presencia divina en medio de ellas. Dios
no es ajeno a nuestro sufrimiento; Él camina con nosotros, sostiene nuestras
cargas y nos da paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4. 7)
Incluso en los días en que no
sentimos Su cercanía, Él sigue obrando. En Salmo 121. 5 – 6, se nos dice: “El
Señor es tu guardador… ni el sol te herirá de día, ni la luna de noche.” Esto
implica que Su protección no cesa, ni siquiera cuando nuestros sentidos
espirituales están nublados por el dolor. Dios está presente en cada amanecer,
en cada suspiro, en cada lágrima que derramamos en secreto.
Jesús mismo nos aseguró: “Yo
estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28. 20). No
dijo “algunos días” ni “cuando todo esté bien”, sino todos los días. Esta
promesa es un ancla para el alma. En los días de gozo, Él celebra con nosotros.
En los días de quebranto, Él nos consuela. En los días de lucha, Él nos
fortalece.
Recordar que nunca hay un día
sin Dios nos invita a vivir con esperanza. Aunque el panorama sea incierto, Su
presencia es constante. Aunque el corazón esté abatido, Su amor es
inquebrantable. Aunque el camino sea estrecho, Su gracia es suficiente.
¿Qué cambiaría en nuestra
forma de enfrentar los días difíciles si recordáramos que Dios está con
nosotros en cada uno de ellos?
Que esta verdad nos sostenga:
Podemos tener tiempos difíciles, pero nunca un día sin Dios. Él es nuestro
refugio, nuestra fuerza y nuestra compañía constante.
Dios les bendiga
abundantemente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario