UN MOMENTO CON DIOS
La visión de Dios
"Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena; pero bienaventurado el que guarda la ley." (Proverbios 29. 18)
Este versículo es una
advertencia clara y profunda sobre la importancia de tener dirección espiritual.
La “visión” a la que se refiere no es simplemente una idea humana o un proyecto
personal, sino una revelación divina, una guía de Dios dada a través de Su
Palabra y Su Espíritu. Cuando esa dirección falta, el pueblo se desorienta, se
desenfrena y cae en el caos moral y espiritual.
En los tiempos bíblicos, la
visión era entregada a los profetas, quienes hablaban en nombre de Dios. Su voz
guiaba al pueblo en decisiones importantes, corregía el pecado y recordaba las
promesas del Señor. Cuando el pueblo rechazaba o ignoraba esa visión,
terminaban en desgracia, idolatría y destrucción, como ocurrió repetidamente
con Israel. Este patrón se repite aún hoy: cuando una comunidad, una iglesia o
una nación vive sin visión espiritual, sin el consejo divino, comienza a vivir
conforme a sus propios deseos, sin freno ni propósito eterno.
En la actualidad, la visión se
encuentra en la revelación completa de Dios: la Biblia. La Palabra de Dios es
lámpara a nuestros pies (Salmo 119. 105) Cuando la ignoramos, caemos en la
confusión, la injusticia y la autodestrucción. La falta de visión genera
egoísmo, corrupción, decadencia moral y desesperanza. Pero cuando la visión
está presente, es decir, cuando la Palabra es conocida, respetada y obedecida
hay bendición, sabiduría, propósito y esperanza.
“Bienaventurado el que guarda
la ley”, dice la segunda parte del versículo. Aquí se revela el antídoto al
desenfreno: la obediencia. No basta con oír la visión, es necesario atesorarla
y vivirla. La verdadera visión de Dios transforma la vida, orienta nuestras
decisiones, da sentido a nuestras luchas y nos fortalece en medio de la
adversidad. Sin esa visión, se pierde el rumbo, incluso dentro de la iglesia.
Muchos viven sin dirección,
moviéndose al ritmo del mundo, sin discernimiento espiritual, sin un objetivo
eterno. La falta de visión no solo es ignorancia; es peligrosa. Es vivir a
oscuras, sin saber hacia dónde se camina.
Por eso, el creyente está
llamado a buscar y conservar la visión que viene de Dios. ¿Cómo? Escudriñando
la Escritura, orando con sinceridad, obedeciendo la voz del Espíritu Santo, y
viviendo en comunidad con otros creyentes comprometidos. Así, el pueblo no
perecerá, sino que vivirá conforme al propósito eterno de Dios. Solo con visión
divina hay vida, dirección y esperanza firme.
Dios les bendiga
abundantemente.

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