sábado, 15 de noviembre de 2025

Un momento... la visión de Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

La visión de Dios

 

"Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena; pero bienaventurado el que guarda la ley." (Proverbios 29. 18)

 

Este versículo es una advertencia clara y profunda sobre la importancia de tener dirección espiritual. La “visión” a la que se refiere no es simplemente una idea humana o un proyecto personal, sino una revelación divina, una guía de Dios dada a través de Su Palabra y Su Espíritu. Cuando esa dirección falta, el pueblo se desorienta, se desenfrena y cae en el caos moral y espiritual.

En los tiempos bíblicos, la visión era entregada a los profetas, quienes hablaban en nombre de Dios. Su voz guiaba al pueblo en decisiones importantes, corregía el pecado y recordaba las promesas del Señor. Cuando el pueblo rechazaba o ignoraba esa visión, terminaban en desgracia, idolatría y destrucción, como ocurrió repetidamente con Israel. Este patrón se repite aún hoy: cuando una comunidad, una iglesia o una nación vive sin visión espiritual, sin el consejo divino, comienza a vivir conforme a sus propios deseos, sin freno ni propósito eterno.

En la actualidad, la visión se encuentra en la revelación completa de Dios: la Biblia. La Palabra de Dios es lámpara a nuestros pies (Salmo 119. 105) Cuando la ignoramos, caemos en la confusión, la injusticia y la autodestrucción. La falta de visión genera egoísmo, corrupción, decadencia moral y desesperanza. Pero cuando la visión está presente, es decir, cuando la Palabra es conocida, respetada y obedecida hay bendición, sabiduría, propósito y esperanza.

“Bienaventurado el que guarda la ley”, dice la segunda parte del versículo. Aquí se revela el antídoto al desenfreno: la obediencia. No basta con oír la visión, es necesario atesorarla y vivirla. La verdadera visión de Dios transforma la vida, orienta nuestras decisiones, da sentido a nuestras luchas y nos fortalece en medio de la adversidad. Sin esa visión, se pierde el rumbo, incluso dentro de la iglesia.

Muchos viven sin dirección, moviéndose al ritmo del mundo, sin discernimiento espiritual, sin un objetivo eterno. La falta de visión no solo es ignorancia; es peligrosa. Es vivir a oscuras, sin saber hacia dónde se camina.

Por eso, el creyente está llamado a buscar y conservar la visión que viene de Dios. ¿Cómo? Escudriñando la Escritura, orando con sinceridad, obedeciendo la voz del Espíritu Santo, y viviendo en comunidad con otros creyentes comprometidos. Así, el pueblo no perecerá, sino que vivirá conforme al propósito eterno de Dios. Solo con visión divina hay vida, dirección y esperanza firme.

Dios les bendiga abundantemente.

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