UN MOMENTO CON DIOS
¿Dónde está la Iglesia cuando la
gente sufre?
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres...” (Lucas 4. 18)
A lo largo de la historia, la
Iglesia ha tenido un rol clave en momentos de dolor, crisis y sufrimiento del
pueblo. Sin embargo, en tiempos recientes, muchos se preguntan: ¿Dónde está la
Iglesia cuando el pueblo sufre? ¿Está presente con compasión y acción, o
encerrada en sus templos, indiferente a la realidad de los más necesitados?
Jesús dejó un ejemplo claro e
innegociable: Él no se quedó en las sinagogas, sino que caminó entre los
pobres, los enfermos, los rechazados, consolando, sanando y proclamando
esperanza. Su ministerio fue profundamente empático y práctico. Él mismo dijo:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas
nuevas a los pobres...” (Lucas 4. 18). Por tanto, una Iglesia que lleva su
nombre no puede ser ajena al sufrimiento del pueblo.
La Iglesia no es un edificio,
sino las personas que creen en Cristo y viven según su enseñanza. Por eso, la
pregunta “¿Dónde está la Iglesia?” es también un llamado personal a
examinarnos: ¿Dónde estamos nosotros, los creyentes, cuando otros sufren?
¿Estamos al lado del que tiene hambre, del que llora, del que sufre injusticia?
Cuando la Iglesia se convierte
en mera espectadora o se acomoda en el confort espiritual, pierde su sal y su
luz (Mateo 5. 13 - 16). La fe verdadera se demuestra en la acción, en la
entrega concreta al necesitado, en la justicia, la misericordia y el servicio.
Como lo enseña Santiago 2. 17: “La fe, si no tiene obras, es muerta en sí
misma.”
La Iglesia tiene una
responsabilidad profética: levantar la voz cuando hay opresión, consolar al que
sufre, acompañar al quebrantado, ser instrumento de reconciliación, y compartir
el amor de Dios de manera tangible. No puede esconderse ni callar ante la
injusticia, la pobreza o el abuso.
En cada barrio, en cada
ciudad, el pueblo sigue sufriendo: niños sin alimento, ancianos abandonados,
familias sin trabajo ni esperanza. Allí es donde la Iglesia debe estar, no solo
con palabras, sino con presencia, amor y compromiso.
Que cada cristiano, cada
comunidad de fe, recuerde que la Iglesia está llamada a ser el cuerpo vivo de
Cristo en la tierra. Y donde hay dolor, debe haber consuelo; donde hay
oscuridad, debe brillar la luz del Evangelio. Esa es la verdadera presencia de
la Iglesia en medio del sufrimiento.
Dios les bendiga
abundantemente.

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