UN MOMENTO CON DIOS
Jesús como modelo de
obediencia y rectitud
“No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4. 4)
El capítulo 4 del evangelio de
Mateo nos presenta un momento crucial en la vida de Jesús: su tentación en el
desierto. Después de haber sido bautizado y antes de comenzar su ministerio
público, el Espíritu lo lleva al desierto, donde pasa cuarenta días y cuarenta
noches en ayuno. Allí, Satanás intenta hacerlo caer con tres poderosas tentaciones.
Pero lo que se destaca en este episodio no es solo el poder del enemigo, sino
la obediencia absoluta y la rectitud perfecta de Cristo.
En cada tentación, Jesús
responde con las Escrituras. No actúa según sus emociones, ni busca una salida
fácil, ni siquiera usa su poder divino para su propio beneficio. En lugar de
eso, se somete con fidelidad a la voluntad del Padre, confiando en su Palabra.
Esta actitud nos revela el corazón obediente del Hijo de Dios, que vivió sujeto
a la ley de Dios como un hombre perfecto, sin pecado, y totalmente dependiente
del Padre.
La primera tentación fue
transformar piedras en pan. Jesús tenía hambre, y el deseo no era malo en sí
mismo. Pero obedecer al tentador significaba actuar por sí mismo, sin esperar
el sustento de Dios. Él respondió: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de
toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4. 4). Así mostró que la
verdadera vida se encuentra en la comunión con Dios, no en la satisfacción
inmediata de nuestras necesidades.
En la segunda y tercera
tentación, Satanás apeló al orgullo y al deseo de poder, ofreciendo a Jesús
fama y dominio. Pero Jesús no buscó gloria para sí mismo, ni usó su posición
para probar a Dios o tomar atajos. Se mantuvo firme en su propósito, recordando
que solo a Dios se debe servir y adorar.
Esta escena nos deja una
poderosa lección: Jesús venció no como Dios inaccesible, sino como hombre lleno
del Espíritu y arraigado en la Palabra. Su obediencia nos da el ejemplo a
seguir, y también nos abre el camino para vivir una vida santa. Él fue tentado
en todo, pero sin pecado, y ahora intercede por nosotros como nuestro sumo
sacerdote fiel.
Jesús no solo enseñó
obediencia y rectitud, Él las vivió. Por eso, al mirarlo, aprendemos no solo
qué hacer, sino cómo hacerlo: con humildad, dependencia de Dios y amor por la
verdad. Que su ejemplo nos inspire cada día a caminar fielmente como hijos
obedientes del Padre.
Dios les bendiga
abundantemente.

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