jueves, 20 de noviembre de 2025

Un momento... Jesús como modeo de obediencia y rectitud

 


UN MOMENTO CON DIOS

Jesús como modelo de obediencia y rectitud

 

“No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4. 4)

 

El capítulo 4 del evangelio de Mateo nos presenta un momento crucial en la vida de Jesús: su tentación en el desierto. Después de haber sido bautizado y antes de comenzar su ministerio público, el Espíritu lo lleva al desierto, donde pasa cuarenta días y cuarenta noches en ayuno. Allí, Satanás intenta hacerlo caer con tres poderosas tentaciones. Pero lo que se destaca en este episodio no es solo el poder del enemigo, sino la obediencia absoluta y la rectitud perfecta de Cristo.

En cada tentación, Jesús responde con las Escrituras. No actúa según sus emociones, ni busca una salida fácil, ni siquiera usa su poder divino para su propio beneficio. En lugar de eso, se somete con fidelidad a la voluntad del Padre, confiando en su Palabra. Esta actitud nos revela el corazón obediente del Hijo de Dios, que vivió sujeto a la ley de Dios como un hombre perfecto, sin pecado, y totalmente dependiente del Padre.

La primera tentación fue transformar piedras en pan. Jesús tenía hambre, y el deseo no era malo en sí mismo. Pero obedecer al tentador significaba actuar por sí mismo, sin esperar el sustento de Dios. Él respondió: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4. 4). Así mostró que la verdadera vida se encuentra en la comunión con Dios, no en la satisfacción inmediata de nuestras necesidades.

En la segunda y tercera tentación, Satanás apeló al orgullo y al deseo de poder, ofreciendo a Jesús fama y dominio. Pero Jesús no buscó gloria para sí mismo, ni usó su posición para probar a Dios o tomar atajos. Se mantuvo firme en su propósito, recordando que solo a Dios se debe servir y adorar.

Esta escena nos deja una poderosa lección: Jesús venció no como Dios inaccesible, sino como hombre lleno del Espíritu y arraigado en la Palabra. Su obediencia nos da el ejemplo a seguir, y también nos abre el camino para vivir una vida santa. Él fue tentado en todo, pero sin pecado, y ahora intercede por nosotros como nuestro sumo sacerdote fiel.

Jesús no solo enseñó obediencia y rectitud, Él las vivió. Por eso, al mirarlo, aprendemos no solo qué hacer, sino cómo hacerlo: con humildad, dependencia de Dios y amor por la verdad. Que su ejemplo nos inspire cada día a caminar fielmente como hijos obedientes del Padre.

Dios les bendiga abundantemente.

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