martes, 4 de noviembre de 2025

Un momento... ¿Le damos a Dios el control de nuestra vida?

 


UN MOMENTO CON DIOS

¿Le damos a Dios el control de nuestra vida?

 

“El corazón del hombre piensa su camino; más Jehová endereza sus pasos”.

(Proverbios 16. 9)

 

Una de las verdades más reconfortantes y a la vez más desafiantes de la fe cristiana es la soberanía de Dios. Esta soberanía implica que Él tiene control absoluto sobre el universo, sobre la historia y, sí, también sobre nuestra vida personal. Proverbios 16. 9 declara: “El corazón del hombre piensa su camino; más Jehová endereza sus pasos”. Esta afirmación nos recuerda que, aunque hacemos planes, es Dios quien tiene la última palabra.

Creer que Dios tiene el control de nuestra vida no significa que somos marionetas sin voluntad, sino que nuestra historia está bajo la mirada sabia y amorosa de un Padre celestial que obra todas las cosas para el bien de los que le aman (Romanos 8. 28). Aun cuando enfrentamos circunstancias dolorosas, injusticias o incertidumbre, podemos tener la certeza de que nada se escapa de Su mano.

Dios conoce cada detalle de nuestra existencia. Jesús dijo que “aún vuestros cabellos están todos contados” (Mateo 10. 30). Esa afirmación no es solo poética, sino una muestra de que el cuidado de Dios es personal, minucioso y constante. Él no solo gobierna los cielos, sino que también camina con nosotros en el valle de sombra de muerte (Salmo 23. 4). Su control no es tiranía, sino amor protector.

Sin embargo, muchas veces luchamos con esta verdad cuando las cosas no salen como esperábamos. Nos preguntamos si Dios realmente está en control cuando hay enfermedad, pérdida, sufrimiento o frustración. Pero la Biblia está llena de historias que muestran que, incluso en medio del caos, Dios está obrando. José fue vendido como esclavo por sus hermanos, pero más adelante reconoció que “vosotros pensasteis mal contra mí, más Dios lo encaminó a bien” (Génesis 50. 20)

La confianza en el control de Dios produce paz. Nos libera de la ansiedad de tener que manejar todo, de cargar con el peso de la vida en nuestros hombros. Nos invita a vivir con fe, sabiendo que nuestro futuro no está en manos del azar ni del destino, sino en las manos de Aquel que nos creó y nos ama.

Someter nuestra vida al control de Dios es también un acto de entrega. Significa reconocer que no todo depende de nosotros, y que Él sabe mejor lo que necesitamos. Por eso, el creyente ora con humildad: “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mateo 6. 10). Y al hacerlo, encuentra libertad, seguridad y esperanza en el Dios que dirige nuestros pasos con propósito eterno.

Dios les bendiga abundantemente.

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