UN MOMENTO CON DIOS
Promesas de sanidad
“Yo soy Jehová tu sanador.” (Éxodo 15. 26)
La Biblia está llena de
promesas de sanidad que revelan el carácter compasivo de Dios y su poder para
restaurar tanto el cuerpo como el alma. Desde el Antiguo Testamento hasta el
Nuevo, Dios se presenta como el Sanador de su pueblo, dispuesto a obrar
milagros y traer salud cuando hay fe, obediencia y humildad.
Una de las primeras y más
conocidas promesas de sanidad se encuentra en Éxodo 15. 26, donde Dios declara:
“Yo soy Jehová tu sanador.” Aquí, el Señor establece su nombre como sanador
(Jehová-Rafa) y promete cuidar del bienestar físico del pueblo si obedecen sus
mandamientos. Esta promesa no está condicionada solo a una fe intelectual, sino
a una vida que se somete a Su voluntad. La obediencia y la sanidad espiritual
van de la mano, pues muchas veces el mal físico refleja una necesidad más
profunda de restauración interior.
En Isaías 53. 5 se nos
recuerda que “por su llaga fuimos nosotros curados.” Esta es una de las
promesas más poderosas sobre la sanidad que tenemos en Cristo. Jesús llevó
nuestras enfermedades y dolencias en la cruz, y por medio de su sacrificio se
abrió un camino no solo para el perdón de pecados, sino también para la
restauración de nuestra salud. Esta sanidad puede manifestarse en lo físico,
emocional o espiritual, porque la obra de Cristo abarca todo nuestro ser.
En el Nuevo Testamento, Jesús
sanó a muchos como evidencia de que el Reino de Dios había llegado. Sanó a
ciegos, cojos, leprosos y hasta resucitó muertos. Pero más allá de las señales
milagrosas, su compasión siempre estuvo dirigida a restaurar al ser humano en
su totalidad. En Mateo 8. 17 se cumple la profecía de Isaías: “Él mismo tomó
nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.”
También Santiago 5. 14 - 15
enseña que la oración de fe puede sanar al enfermo y levantarlo, y si ha
pecado, será perdonado. Esto muestra que la sanidad divina está relacionada con
la comunidad de fe, la confesión, la intercesión y la gracia de Dios.
Aunque no siempre comprendemos
por qué algunos no son sanados de inmediato, debemos confiar en que Dios sigue
siendo fiel. A veces la sanidad es progresiva, espiritual o incluso definitiva
cuando partimos con el Señor. Pero su promesa permanece: Él es nuestro Sanador.
La sanidad que Dios ofrece es
completa: abarca cuerpo, mente y espíritu. Al creer en sus promesas, acercarnos
en oración y confiar en su voluntad, podemos vivir con esperanza, sabiendo que
Dios sigue obrando con poder, misericordia y amor.
Dios les bendiga
abundantemente.

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