viernes, 14 de noviembre de 2025

Un momento... Promesas de sanidad

 


UN MOMENTO CON DIOS

Promesas de sanidad

 

“Yo soy Jehová tu sanador.” (Éxodo 15. 26)

 

La Biblia está llena de promesas de sanidad que revelan el carácter compasivo de Dios y su poder para restaurar tanto el cuerpo como el alma. Desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo, Dios se presenta como el Sanador de su pueblo, dispuesto a obrar milagros y traer salud cuando hay fe, obediencia y humildad.

Una de las primeras y más conocidas promesas de sanidad se encuentra en Éxodo 15. 26, donde Dios declara: “Yo soy Jehová tu sanador.” Aquí, el Señor establece su nombre como sanador (Jehová-Rafa) y promete cuidar del bienestar físico del pueblo si obedecen sus mandamientos. Esta promesa no está condicionada solo a una fe intelectual, sino a una vida que se somete a Su voluntad. La obediencia y la sanidad espiritual van de la mano, pues muchas veces el mal físico refleja una necesidad más profunda de restauración interior.

En Isaías 53. 5 se nos recuerda que “por su llaga fuimos nosotros curados.” Esta es una de las promesas más poderosas sobre la sanidad que tenemos en Cristo. Jesús llevó nuestras enfermedades y dolencias en la cruz, y por medio de su sacrificio se abrió un camino no solo para el perdón de pecados, sino también para la restauración de nuestra salud. Esta sanidad puede manifestarse en lo físico, emocional o espiritual, porque la obra de Cristo abarca todo nuestro ser.

En el Nuevo Testamento, Jesús sanó a muchos como evidencia de que el Reino de Dios había llegado. Sanó a ciegos, cojos, leprosos y hasta resucitó muertos. Pero más allá de las señales milagrosas, su compasión siempre estuvo dirigida a restaurar al ser humano en su totalidad. En Mateo 8. 17 se cumple la profecía de Isaías: “Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.”

También Santiago 5. 14 - 15 enseña que la oración de fe puede sanar al enfermo y levantarlo, y si ha pecado, será perdonado. Esto muestra que la sanidad divina está relacionada con la comunidad de fe, la confesión, la intercesión y la gracia de Dios.

Aunque no siempre comprendemos por qué algunos no son sanados de inmediato, debemos confiar en que Dios sigue siendo fiel. A veces la sanidad es progresiva, espiritual o incluso definitiva cuando partimos con el Señor. Pero su promesa permanece: Él es nuestro Sanador.

La sanidad que Dios ofrece es completa: abarca cuerpo, mente y espíritu. Al creer en sus promesas, acercarnos en oración y confiar en su voluntad, podemos vivir con esperanza, sabiendo que Dios sigue obrando con poder, misericordia y amor.

Dios les bendiga abundantemente.

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