CADA DÍA CON DIOS
La humildad es importante para
Dios
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” (1 Pedro 5.6)
Uno de los principios más
claros y constantes en la Palabra de Dios es que Él resiste al orgulloso y
exalta al humilde. Santiago 4. 6 lo expresa con firmeza: “Dios resiste a los
soberbios, y da gracia a los humildes.” Esta verdad revela el corazón de Dios y
nos llama a examinarnos constantemente, pues el orgullo es una de las actitudes
más peligrosas del alma humana.
El orgullo nace cuando el ser
humano se coloca en el centro, creyéndose autosuficiente, mejor que los demás o
independiente de Dios. Fue el pecado que provocó la caída de Lucifer y,
posteriormente, la del ser humano en el Edén. El orgullo nos ciega, endurece el
corazón y nos aleja del propósito divino. Por eso, Dios se opone a él
activamente. No es que el orgulloso simplemente se equivoque, sino que su
actitud lo coloca en directa oposición a la voluntad de Dios.
Por el contrario, la humildad
es el camino que abre la puerta a la gracia. Ser humilde no significa pensar
menos de uno mismo, sino pensar menos en uno mismo. Es reconocer nuestra
dependencia de Dios, nuestra necesidad de su guía, y vivir con un corazón
dispuesto a aprender, servir y obedecer. Jesús, el Hijo de Dios, dio el mayor
ejemplo de humildad: siendo Dios, se despojó a sí mismo y se hizo siervo
(Filipenses 2. 5 - 8)
Dios se complace en los
humildes porque ellos reconocen quién es Él y quiénes son ellos. No buscan su
propia gloria, sino la de Dios. En ellos, Él puede obrar con libertad,
enseñarles, moldearles y usarlos para su propósito. La humildad atrae la
presencia de Dios y abre el corazón a su favor.
En un mundo que exalta el
orgullo, la autosuficiencia y el éxito personal, Dios sigue llamando a sus
hijos a vivir con sencillez y humildad. Recordemos que el camino a la
exaltación verdadera no es la altivez, sino la humildad.
Dios les bendiga
abundantemente.

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