lunes, 10 de noviembre de 2025

Un momento... La injusticia a los ojos de Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

La injusticia a los ojos de Dios

 

“¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos?” (Salmo 82. 2)

 

La justicia es un valor central en el carácter de Dios. A lo largo de toda la Biblia, vemos cómo el Señor se revela como un juez justo, que aborrece la injusticia y defiende al oprimido. Por eso, aquellos que ocupan lugares de autoridad, especialmente los jueces, tienen una gran responsabilidad delante de Dios. Ser juez no es simplemente una función legal, sino una vocación moral y espiritual. Quien juzga debe hacerlo con rectitud, sin parcialidad ni corrupción, porque está representando un aspecto del gobierno justo de Dios.

En el Salmo 82, Dios dirige palabras muy claras contra los jueces injustos: “¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos?” (v.2). Este versículo denuncia a quienes abusan de su poder para favorecer a los malvados y oprimir a los débiles. La Biblia no guarda silencio sobre este tema: Dios condena fuertemente a los que tuercen el derecho, manipulan la ley o lucran con el dolor ajeno. Él no es indiferente al sufrimiento que causan estos actos.

Dios exige de los jueces y por extensión, de todos los que ejercen autoridad que defiendan al huérfano, al necesitado, y que hagan justicia al pobre. Juzgar con rectitud no es una opción; es un mandato. En Proverbios 17. 15 leemos: “El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación a Jehová.” Esta fuerte declaración muestra cómo Dios se posiciona moralmente contra la corrupción judicial y la falta de integridad en los fallos.

Los jueces injustos pueden pensar que sus acciones quedan ocultas, que sus decisiones no tienen consecuencias más allá del ámbito humano. Pero la Escritura enseña que “no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia” (Hebreos 4. 13). Dios ve todo y, tarde o temprano, hará justicia. Los jueces que abusan de su posición enfrentarán la severidad del juicio divino, porque deshonraron el carácter santo y justo de Aquel que los estableció.

Esta meditación también nos llama a orar por aquellos que están en posiciones de justicia. Necesitan sabiduría, integridad y temor de Dios. También nos recuerda que, como creyentes, debemos practicar la justicia en nuestras propias decisiones cotidianas.

Dios aborrece la injusticia y ama la equidad. En un mundo lleno de corrupción y favoritismos, los jueces injustos están bajo Su juicio, pero los que actúan con integridad hallarán favor ante Él. Al final, todo juez humano será juzgado por el Juez Supremo.

Dios les bendiga abundantemente.

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