UN MOMENTO CON DIOS
La injusticia a los ojos de
Dios
“¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos?” (Salmo 82. 2)
La justicia es un valor
central en el carácter de Dios. A lo largo de toda la Biblia, vemos cómo el Señor
se revela como un juez justo, que aborrece la injusticia y defiende al
oprimido. Por eso, aquellos que ocupan lugares de autoridad, especialmente los
jueces, tienen una gran responsabilidad delante de Dios. Ser juez no es
simplemente una función legal, sino una vocación moral y espiritual. Quien
juzga debe hacerlo con rectitud, sin parcialidad ni corrupción, porque está
representando un aspecto del gobierno justo de Dios.
En el Salmo 82, Dios dirige
palabras muy claras contra los jueces injustos: “¿Hasta cuándo juzgaréis
injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos?” (v.2). Este versículo
denuncia a quienes abusan de su poder para favorecer a los malvados y oprimir a
los débiles. La Biblia no guarda silencio sobre este tema: Dios condena fuertemente
a los que tuercen el derecho, manipulan la ley o lucran con el dolor ajeno. Él
no es indiferente al sufrimiento que causan estos actos.
Dios exige de los jueces y por
extensión, de todos los que ejercen autoridad que defiendan al huérfano, al
necesitado, y que hagan justicia al pobre. Juzgar con rectitud no es una
opción; es un mandato. En Proverbios 17. 15 leemos: “El que justifica al impío,
y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación a Jehová.” Esta
fuerte declaración muestra cómo Dios se posiciona moralmente contra la
corrupción judicial y la falta de integridad en los fallos.
Los jueces injustos pueden
pensar que sus acciones quedan ocultas, que sus decisiones no tienen
consecuencias más allá del ámbito humano. Pero la Escritura enseña que “no hay
cosa creada que no sea manifiesta en su presencia” (Hebreos 4. 13). Dios ve
todo y, tarde o temprano, hará justicia. Los jueces que abusan de su posición
enfrentarán la severidad del juicio divino, porque deshonraron el carácter
santo y justo de Aquel que los estableció.
Esta meditación también nos
llama a orar por aquellos que están en posiciones de justicia. Necesitan
sabiduría, integridad y temor de Dios. También nos recuerda que, como
creyentes, debemos practicar la justicia en nuestras propias decisiones
cotidianas.
Dios aborrece la injusticia y
ama la equidad. En un mundo lleno de corrupción y favoritismos, los jueces
injustos están bajo Su juicio, pero los que actúan con integridad hallarán
favor ante Él. Al final, todo juez humano será juzgado por el Juez Supremo.
Dios les bendiga
abundantemente.

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