sábado, 29 de noviembre de 2025

Un momento... ¿A quién queremos agradar?

 


UN MOMENTO CON DIOS

¿A quién queremos agradar?

 

"Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas." (Lucas 6. 24 - 26)

 

Estas palabras son confrontadoras y, a menudo, incómodas. Jesús no está condenando la riqueza, el bienestar o la risa en sí mismos, sino la autosuficiencia, la superficialidad y la falsa seguridad que a menudo acompañan a estas condiciones cuando se viven sin Dios.

El "¡ay!" de Jesús es una expresión de dolor y advertencia, no de condena automática. Él está llamando la atención sobre el peligro espiritual de aquellos que encuentran en este mundo su satisfacción definitiva. Cuando alguien se enriquece y se sacia sin considerar a Dios ni al prójimo, vive como si no necesitara del Señor. Este tipo de vida, centrada en uno mismo y en los placeres temporales, puede llevar a una eternidad vacía.

Jesús también habla de los que ahora ríen, una imagen de los que disfrutan sin preocupación, que se burlan o ignoran las cosas eternas. El mensaje es claro: la risa superficial y temporal dará paso al llanto si está desligada de la voluntad de Dios. Esto no niega el gozo del cristiano, sino que distingue entre el gozo genuino, nacido del Espíritu, y la diversión hueca del mundo.

Por último, Jesús advierte sobre buscar la aprobación humana. Cuando todos hablan bien de alguien, puede ser señal de que esa persona ha comprometido la verdad para agradar a los hombres. Los falsos profetas eran populares porque decían lo que el pueblo quería oír. En cambio, los verdaderos profetas eran perseguidos por hablar la verdad.

Esta enseñanza nos llama a evaluar nuestras prioridades. ¿Vivimos para lo eterno o para lo temporal? ¿Buscamos agradar a Dios o a los hombres? Jesús nos invita a no conformarnos con una vida cómoda y superficial, sino a seguirle con sinceridad, aunque eso signifique renunciar a la aprobación del mundo. Solo en Él está la verdadera recompensa.

Dios les bendiga abundantemente.

 

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