UN MOMENTO CON DIOS
¿A quién queremos agradar?
"Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas." (Lucas 6. 24 - 26)
Estas palabras son
confrontadoras y, a menudo, incómodas. Jesús no está condenando la riqueza, el
bienestar o la risa en sí mismos, sino la autosuficiencia, la superficialidad y
la falsa seguridad que a menudo acompañan a estas condiciones cuando se viven
sin Dios.
El "¡ay!" de Jesús
es una expresión de dolor y advertencia, no de condena automática. Él está
llamando la atención sobre el peligro espiritual de aquellos que encuentran en
este mundo su satisfacción definitiva. Cuando alguien se enriquece y se sacia
sin considerar a Dios ni al prójimo, vive como si no necesitara del Señor. Este
tipo de vida, centrada en uno mismo y en los placeres temporales, puede llevar
a una eternidad vacía.
Jesús también habla de los que
ahora ríen, una imagen de los que disfrutan sin preocupación, que se burlan o
ignoran las cosas eternas. El mensaje es claro: la risa superficial y temporal
dará paso al llanto si está desligada de la voluntad de Dios. Esto no niega el
gozo del cristiano, sino que distingue entre el gozo genuino, nacido del
Espíritu, y la diversión hueca del mundo.
Por último, Jesús advierte
sobre buscar la aprobación humana. Cuando todos hablan bien de alguien, puede
ser señal de que esa persona ha comprometido la verdad para agradar a los
hombres. Los falsos profetas eran populares porque decían lo que el pueblo
quería oír. En cambio, los verdaderos profetas eran perseguidos por hablar la
verdad.
Esta enseñanza nos llama a
evaluar nuestras prioridades. ¿Vivimos para lo eterno o para lo temporal?
¿Buscamos agradar a Dios o a los hombres? Jesús nos invita a no conformarnos
con una vida cómoda y superficial, sino a seguirle con sinceridad, aunque eso
signifique renunciar a la aprobación del mundo. Solo en Él está la verdadera
recompensa.
Dios les bendiga
abundantemente.

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