UN MOMENTO CON DIOS
Cuando se justifica el mal y
se desprecia la verdad de Dios
“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; ¡que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos! ¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida; los que justifican al impío mediante cohecho, ¡y al justo quitan su derecho! Por tanto, como la lengua del fuego consume el rastrojo, y la llama devora la paja, así será su raíz como podredumbre, y su flor se desvanecerá como polvo; porque desecharon la ley de Jehová de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel. Por esta causa se encendió el furor de Jehová contra su pueblo, y extendió contra él su mano, y le hirió; y se estremecieron los montes, y sus cadáveres fueron arrojados en medio de las calles. Con todo esto no ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida”. (Isaías 5. 20 – 25)
Isaías 5. 20 – 25 es una de
las denuncias más contundentes de Dios contra una sociedad que ha perdido el
sentido moral. El profeta proclama: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno y a
lo bueno malo; que ponen tinieblas por luz y luz por tinieblas!”. Estas
palabras revelan el corazón del problema: la inversión de los valores. No se
trata solo de cometer el mal, sino de justificarlo, defenderlo y presentarlo
como algo aceptable. Desde la perspectiva de Dios, este es un pecado grave
porque distorsiona la verdad y engaña a las conciencias.
Hace pocos días se difundió la
noticia que el presidente de Argentina le había regalado a sus ministros el
libro Defendiendo lo indefendible de Walter Block.
El libro Defendiendo lo indefendible
refleja una realidad que ya denunciaba Isaías siglos atrás, cuando una sociedad
comienza a racionalizar el pecado, a maquillarlo con discursos sofisticados o a
llamarlo “derecho”, “progreso” o “libertad”, se entra en un terreno peligroso.
Dios no condena únicamente las acciones malas, sino también los argumentos que
buscan legitimar lo que Él claramente ha llamado pecado. Defender lo
indefendible es rebelarse contra el orden moral establecido por Dios.
Isaías continúa advirtiendo
contra el orgullo intelectual: “¡Ay de los sabios en sus propios ojos!”. Aquí
Dios confronta la arrogancia humana que cree saber más que Él. Cuando el hombre
se coloca como juez supremo del bien y del mal, deja de escuchar la Palabra de
Dios y empieza a construir su propia ética, desligada de la verdad divina. Este
tipo de sabiduría no libera; esclaviza y conduce a la confusión moral.
El texto de Isaías también
denuncia la corrupción, la injusticia y la falta de responsabilidad social.
Defender lo indefendible no solo afecta la vida personal, sino que destruye
comunidades enteras. Cuando se absuelve al culpable y se condena al justo, la
justicia se pervierte y la sociedad se desmorona. Por eso Isaías afirma que la
ira del Señor se enciende: no por capricho, sino porque el rechazo persistente
de Su verdad trae consecuencias inevitables.
Desde el punto de vista de
Dios, la raíz del problema es clara: “desecharon la ley de Dios”. No es
ignorancia, es rechazo deliberado. Cuando la Palabra de Dios es despreciada,
todo se vuelve relativo y cualquier cosa puede ser defendida, incluso lo que
destruye la vida.
Esta reflexión nos llama a
examinarnos como creyentes. ¿Estamos afirmando lo que Dios afirma, o callando, o
peor aún, justificando lo que Él condena? Amar como Dios ama no significa
aprobar el pecado, sino llamar al arrepentimiento con verdad y misericordia.
Isaías 5. 20 – 25 nos recuerda
que Dios no cambia Su verdad para adaptarse a la cultura. Él sigue llamando al
bien, bien; y al mal, mal. Defender lo indefendible es apartarse de Dios;
defender la verdad, aunque cueste, es honrarlo y caminar en Su luz.
Cerremos este año meditando en
como vamos a construir nuestra vida cada día en este nuevo año que mañana se
inicia, hay un largo camino por delante.
Es nuestro deseo que juntos construyamos
nuestras vidas y familias, aportando a esta sociedad la forma de vivir agrando
a Dios, obedeciendo Su Palabra y caminando cada día con Él en victoria.
Dios les bendiga
abundantemente.

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