UN MOMENTO CON DIOS
Dios el Creador
Génesis 1.1 – 12 nos introduce en el misterio profundo del origen de todo, donde cada palabra abre una ventana hacia la grandeza y la eternidad de Dios. El pasaje comienza con una afirmación contundente y absoluta: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” No hay preámbulos, no hay explicaciones humanas, solo la proclamación de que Dios es el autor de todo lo que existe. Este inicio no solo nos habla del poder creador, sino también de la soberanía divina que sostiene cada detalle del universo.
El texto continúa describiendo
cómo la tierra estaba desordenada y vacía, pero aun en ese estado de caos, “el
Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. Esta imagen es
profundamente consoladora: incluso cuando nuestra vida parece sin forma, vacía
o sumergida en la confusión, el Espíritu de Dios sigue presente, moviéndose,
preparando, ordenando y dando vida. Dios no abandona el caos; lo transforma.
Luego, la voz creadora se
escucha con autoridad: “Sea la luz.” Y fue la luz. La primera palabra divina
que rompe la oscuridad todavía resuena hoy. Dios no solo crea luz física, sino
que también ilumina nuestra oscuridad interior. Su luz revela, guía, restaura y
pone límite a las sombras que intentan dominar nuestro corazón. Cada vez que su
Palabra se manifiesta, algo nuevo comienza.
En los versículos siguientes,
Dios separa, ordena, establece límites y organiza el mundo con precisión. Crea
los cielos, las aguas, la tierra y la vegetación. Todo responde a un diseño
perfecto, intencional. Nada es producto del azar; todo nace de una voluntad
amorosa. La aparición de la vegetación, plantas que dan semillas y árboles que
dan fruto, muestra la generosidad de Dios. Él no solo crea vida, sino vida
abundante, capaz de multiplicarse y sostener a todas las criaturas futuras.
Este pasaje nos invita a
reconocer que Dios sigue obrando de la misma manera en nuestra existencia.
Donde hay vacío, Él trae plenitud; donde hay caos, establece orden; donde hay
oscuridad, enciende luz. Génesis 1. 1 – 12 no es solo el relato del inicio del
mundo, sino también el recordatorio de que cada día podemos experimentar un
nuevo comienzo en Sus manos creadoras.
Dios les bendiga
abundantemente.

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