UN MOMENTO CON DIOS
Los planes de Dios
El nacimiento de Moisés, narrado en Éxodo 2, se da en un contexto de opresión, miedo y muerte. El faraón había decretado que todos los niños varones hebreos debían morir, intentando destruir al pueblo desde su raíz. Sin embargo, en medio de este escenario de amenaza, se manifiesta de manera silenciosa pero poderosa el cuidado providente de Dios. Cuando la vida parece más frágil, Dios ya está actuando.
La madre de Moisés, al ver que
su hijo era hermoso, lo esconde durante tres meses. Ese gesto de amor y
valentía es el primer signo del cuidado divino, que suele expresarse a través
de manos humanas dispuestas a confiar. Cuando ya no puede ocultarlo, lo coloca
en una canasta impermeabilizada y lo deposita en el Nilo, no como un acto de
abandono, sino de fe. El río que debía ser instrumento de muerte se convierte,
por la acción de Dios, en camino de salvación.
María, la hermana de Moisés,
observa desde lejos. Su vigilancia discreta revela que Dios cuida incluso los
detalles que parecen pequeños. Nada ocurre al azar. La hija del faraón
encuentra al niño y, movida por compasión, decide salvarlo, desafiando
indirectamente el decreto de su propio padre. Así, Dios utiliza incluso a
quienes pertenecen al sistema opresor para cumplir su plan de vida. El niño
hebreo es criado en el palacio egipcio, protegido por el mismo poder que
intentó destruirlo.
El cuidado de Dios no solo
preserva la vida de Moisés, sino que lo forma para su futura misión. Crece
entre dos mundos: conoce el sufrimiento de su pueblo y, al mismo tiempo, recibe
la educación y los recursos de Egipto. Todo ello será parte del proceso que
Dios utilizará más adelante para hacerlo líder y libertador. Nada en su
historia es inútil; incluso lo que parece contradictorio forma parte del
designio divino.
Esta historia nos invita a
confiar en el cuidado de Dios aun cuando las circunstancias parecen adversas.
Dios no elimina de inmediato el peligro, pero acompaña, protege y guía. Su
cuidado no siempre se manifiesta de forma espectacular, sino en decisiones
valientes, en gestos de amor, en encuentros inesperados. El nacimiento de
Moisés nos recuerda que ninguna vida es fruto del azar y que Dios vela
especialmente por aquellos que están llamados a cumplir un propósito mayor. En
medio del caos y la amenaza, Dios sigue siendo fiel, cuidando, sosteniendo y
preparando el futuro de su pueblo.
Dios les bendiga
abundantemente.

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