UN MOMENTO CON DIOS
Valoremos las bendiciones de
Dios
“Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.” (Génesis 25. 33)
Génesis 25. 33 nos presenta un
momento decisivo en la historia de Esaú y Jacob. Este versículo revela mucho
más que un simple intercambio; expone una actitud del corazón. Esaú, agotado y
dominado por su necesidad inmediata, está dispuesto a entregar su primogenitura,
un derecho espiritual y familiar de enorme valor, a cambio de una satisfacción
momentánea. Jacob, consciente de la importancia de ese derecho, exige un
juramento, sellando así una decisión irreversible.
La primogenitura no era solo
un privilegio material. Representaba liderazgo espiritual, herencia,
responsabilidad y la continuidad de la promesa dada por Dios a Abraham. Sin
embargo, Esaú la trata como algo secundario, sin peso, sin valor eterno. Su
juramento confirma que la decisión no fue impulsiva, sino deliberada. Eligió lo
inmediato sobre lo eterno, lo temporal sobre lo espiritual.
Este pasaje nos confronta con
una pregunta profunda: ¿qué valoramos realmente? En la vida cotidiana, también
enfrentamos momentos en los que el cansancio, la presión o el deseo inmediato
nos llevan a decisiones que comprometen nuestra fe, nuestros principios o
nuestra relación con Dios. A veces, como Esaú, estamos dispuestos a ceder
verdades eternas por alivios pasajeros, por un momento de comodidad o placer.
Jacob, aunque actuó con
astucia cuestionable, comprendía el peso espiritual de la primogenitura. Esto
no justifica su proceder, pero muestra que él deseaba la bendición y la promesa
de Dios. El texto subraya la gravedad del acto de Esaú: no fue la sopa lo que
le quitó la primogenitura, sino su desprecio por ella.
Génesis 25. 33 nos invita a
examinar nuestras decisiones diarias. ¿Estamos jurando, aunque sea en silencio,
renunciar a lo que Dios nos ha confiado por algo momentáneo? La fe se vive en
elecciones concretas. Cada decisión revela lo que ocupa el primer lugar en
nuestro corazón.
Dios nos llama a valorar lo
espiritual, a cuidar la herencia de la fe, a no vender lo eterno por lo
inmediato. Que esta meditación nos anime a elegir con sabiduría, recordando que
las bendiciones de Dios no se negocian ni se reemplazan por nada pasajero. Lo
que viene de Dios es demasiado valioso para ser cambiado por un instante.
Dios les bendiga
abundantemente.

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