jueves, 8 de enero de 2026

Un momento... Valoremos las bendiciones de Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

Valoremos las bendiciones de Dios

 

“Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.” (Génesis 25. 33)

 

Génesis 25. 33 nos presenta un momento decisivo en la historia de Esaú y Jacob. Este versículo revela mucho más que un simple intercambio; expone una actitud del corazón. Esaú, agotado y dominado por su necesidad inmediata, está dispuesto a entregar su primogenitura, un derecho espiritual y familiar de enorme valor, a cambio de una satisfacción momentánea. Jacob, consciente de la importancia de ese derecho, exige un juramento, sellando así una decisión irreversible.

La primogenitura no era solo un privilegio material. Representaba liderazgo espiritual, herencia, responsabilidad y la continuidad de la promesa dada por Dios a Abraham. Sin embargo, Esaú la trata como algo secundario, sin peso, sin valor eterno. Su juramento confirma que la decisión no fue impulsiva, sino deliberada. Eligió lo inmediato sobre lo eterno, lo temporal sobre lo espiritual.

Este pasaje nos confronta con una pregunta profunda: ¿qué valoramos realmente? En la vida cotidiana, también enfrentamos momentos en los que el cansancio, la presión o el deseo inmediato nos llevan a decisiones que comprometen nuestra fe, nuestros principios o nuestra relación con Dios. A veces, como Esaú, estamos dispuestos a ceder verdades eternas por alivios pasajeros, por un momento de comodidad o placer.

Jacob, aunque actuó con astucia cuestionable, comprendía el peso espiritual de la primogenitura. Esto no justifica su proceder, pero muestra que él deseaba la bendición y la promesa de Dios. El texto subraya la gravedad del acto de Esaú: no fue la sopa lo que le quitó la primogenitura, sino su desprecio por ella.

Génesis 25. 33 nos invita a examinar nuestras decisiones diarias. ¿Estamos jurando, aunque sea en silencio, renunciar a lo que Dios nos ha confiado por algo momentáneo? La fe se vive en elecciones concretas. Cada decisión revela lo que ocupa el primer lugar en nuestro corazón.

Dios nos llama a valorar lo espiritual, a cuidar la herencia de la fe, a no vender lo eterno por lo inmediato. Que esta meditación nos anime a elegir con sabiduría, recordando que las bendiciones de Dios no se negocian ni se reemplazan por nada pasajero. Lo que viene de Dios es demasiado valioso para ser cambiado por un instante.

Dios les bendiga abundantemente.

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