UN MOMENTO CON DIOS
La obediencia cuando Dios
llama.
Éxodo capítulo 4 nos muestra el momento en que el llamado de Dios deja de ser solo una experiencia personal y se convierte en obediencia concreta. Moisés, después del encuentro con Dios en la zarza ardiente, sigue luchando con sus miedos, inseguridades y sentimientos de incapacidad. Pregunta, duda y se resiste, temiendo no ser escuchado ni comprendido. Sin embargo, Dios no se impacienta; responde con paciencia, le concede señales y le asegura su acompañamiento. Este diálogo revela que el cumplimiento del llamado no exige perfección, sino confianza.
Dios le concede a Moisés
señales visibles para confirmar su autoridad: la vara que se convierte en
serpiente, la mano que se vuelve leprosa y luego sana, y el agua que puede
transformarse en sangre. Estas señales no buscan impresionar, sino fortalecer
la fe de Moisés y del pueblo. Aun así, Moisés expresa su temor más profundo: no
saber hablar. Entonces Dios le recuerda una verdad esencial: Él es el creador de
la boca humana y promete estar con él al hablar. Finalmente, Dios designa a
Aarón como su portavoz, enseñando que la misión divina no se vive en soledad,
sino en comunidad.
El punto decisivo llega cuando
Moisés acepta el llamado. Regresa a la casa de Jetró, pide permiso para volver
a Egipto y emprende el camino junto a su familia. Este gesto sencillo encierra
una profunda transformación interior: Moisés deja atrás el pasado de huida para
enfrentar la misión que Dios le confía. El regreso a Egipto no es solo un viaje
geográfico, sino un acto de fe y obediencia. Moisés vuelve al lugar del dolor,
del fracaso y del miedo, confiando únicamente en la palabra de Dios.
En el camino ocurre un
episodio misterioso que recuerda la seriedad del compromiso con Dios. Moisés
aprende que obedecer implica alinearse plenamente con la voluntad divina.
Séfora, su esposa, interviene y permite que la misión continúe, mostrando que
Dios también actúa a través de quienes acompañan al llamado.
Cuando Moisés se encuentra con
Aarón y juntos anuncian al pueblo las palabras del Señor, los israelitas creen
y adoran a Dios al saber que Él ha visto su aflicción. Este momento confirma
que la obediencia de Moisés abre la puerta a la esperanza del pueblo.
Éxodo 4 nos invita a
reflexionar sobre nuestro propio llamado. Dios no elimina nuestras debilidades,
pero camina con nosotros. Cumplir su llamado implica vencer el miedo, dar el
paso y confiar en que Él transforma nuestras dudas en instrumentos de
liberación. Como Moisés, somos llamados a regresar, a obedecer y a creer que
Dios cumple sus promesas.
Dios les bendiga
abundantemente.

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