UN MOMENTO CON DIOS
El Pacto con Dios
Éxodo 24 representa el "Pacto" formal entre Dios y Su pueblo. Tras recibir los Diez Mandamientos y las leyes civiles, Israel no solo escucha la voluntad divina, sino que acepta voluntariamente vivir bajo ella.
Moisés levanta un altar y doce
columnas, representando la unidad de las tribus. Al leer el Libro del Pacto, el
pueblo responde unánime: "Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y
obedeceremos". Este momento nos recuerda que nuestra relación con Dios no
se basa en sentimientos pasajeros, sino en una decisión voluntaria de alinear
nuestra voluntad con la Suya. No obstante, la historia nos muestra que la
intención humana es frágil; necesitamos más que buenas intenciones para ser
fieles.
Un detalle crucial es el
rociamiento de la sangre. Moisés rocía la mitad sobre el altar y la otra mitad
sobre el pueblo. Este acto simboliza que el pacto es un lazo de vida o muerte.
La sangre unía a Dios y al hombre en un destino común. Para nosotros hoy, esto
es una sombra del Nuevo Pacto. Mientras que en el Sinaí la sangre se rociaba
externamente, en Cristo Su sangre limpia nuestra conciencia y escribe la ley
directamente en nuestros corazones (Hebreos 9. 14)
El capítulo cierra con una
escena impresionante: los ancianos de Israel suben al monte y "vieron al
Dios de Israel". Bajo sus pies había un embaldosado de zafiro, claro como
el cielo. Lo más asombroso es que "comieron y bebieron" en Su
presencia. Esto nos enseña que el fin último de la santidad y de la ley no es
la restricción, sino la comunión. Dios desea que disfrutemos de Su mesa, que
habitemos en Su paz y que contemplemos Su gloria sin ser consumidos.
Dios hoy no nos pide que subamos
a un monte físico envuelto en fuego, sino que nos acerquemos al trono de la
gracia. Recordemos que el pacto fue sellado por Él para garantizar que nunca
camináramos solos.
Dios les bendiga
abundantemente.

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