domingo, 11 de enero de 2026

Un momento... La lucha que transforma el corazón

 


UN MOMENTO CON DIOS

La lucha que transforma el corazón

 

Génesis 32. 22 – 30 relata uno de los encuentros más profundos y misteriosos entre Dios y el ser humano. Jacob, a punto de reencontrarse con Esaú, vive una noche decisiva. Cargado de temor, recuerdos de culpa y ansiedad por el futuro, se queda solo al otro lado del río Jaboc. Es en esa soledad donde Dios lo confronta. Antes de enfrentar a su hermano, Jacob debía enfrentarse a sí mismo.

La lucha que se describe no es solo física, sino espiritual. Jacob pelea con un varón hasta el amanecer, aferrándose con todas sus fuerzas. Durante años, Jacob había luchado usando su astucia, su engaño y su habilidad para salir adelante. Ahora, Dios permite una lucha diferente: una en la que Jacob no puede vencer con sus propias fuerzas. Cuando el varón toca su cadera y lo deja cojo, Jacob aprende que la verdadera fortaleza no está en el poder humano, sino en la dependencia total de Dios.

La frase clave del pasaje es: “No te dejaré, si no me bendices”. Aquí Jacob ya no pelea para ganar, sino que se aferra para recibir gracia. Ha pasado de luchar contra Dios a aferrarse a Él. Esa noche marca un antes y un después. Dios cambia su nombre de Jacob, el suplantador, a Israel, “el que lucha con Dios”. El cambio de nombre simboliza un cambio de identidad y de propósito.

Jacob no sale ileso del encuentro; queda cojo. Pero esa herida se convierte en un recordatorio permanente de su dependencia de Dios. A veces, Dios permite marcas en nuestra vida no para debilitarnos, sino para enseñarnos a caminar apoyados en Él.

Al llamar al lugar Peniel, “porque vi a Dios cara a cara”, Jacob reconoce que su vida ha sido preservada por la gracia divina. El encuentro no fue destrucción, sino transformación. Dios no lo aniquila, lo redefine.

Este pasaje nos enseña que hay luchas que Dios permite para formarnos. En las noches más oscuras, cuando estamos solos y vulnerables, Dios puede obrar los cambios más profundos. Cuando dejamos de confiar en nuestras fuerzas y nos aferramos a Él, descubrimos que la verdadera bendición no es salir sin heridas, sino salir transformados por Su presencia.

Dios les bendiga abundantemente.

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