viernes, 23 de enero de 2026

Un momento... Cuando el mar se abre ante la obediencia

 


UN MOMENTO CON DIOS

Cuando el Mar se abre ante la Obediencia

 

Éxodo 14.15-31

 

A menudo nos encontramos en situaciones donde nos sentimos atrapados: atrás dejamos un pasado del que intentamos escapar (Egipto) y frente a nosotros se extiende un obstáculo imposible de cruzar (el Mar Rojo). El Momento de Dejar de Clamar y Empezar a Caminar

El versículo 15 contiene una de las órdenes más directas de Dios: «¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen».2

Hay un tiempo para la oración ferviente, pero también hay un tiempo para la acción obediente. Dios ya había escuchado el clamor de Su pueblo; ahora necesitaba que sus pies se movieran. A veces, nos quedamos "estancados" en la oración pidiendo una señal, cuando Dios ya nos ha dado una dirección. La fe no es solo esperar a que el camino aparezca; es dar el paso para que el camino se abra.

Dios le pide a Moisés que alce su vara. No era la madera la que tenía el poder, sino la autoridad que representaba. Al obedecer, el milagro ocurre: un viento recio divide las aguas.

Lo más hermoso de este pasaje es que Dios se interpone entre el peligro y Su pueblo. La columna de nube se movió de adelante hacia atrás, protegiéndolos durante toda la noche. Esto nos recuerda que Dios es nuestro guardián en la retaguardia. Él no solo nos guía hacia el futuro, sino que bloquea los ataques que vienen de nuestro pasado.

Israel cruzó por "tierra seca". Dios no solo les dio un puente improvisado; preparó el terreno para que no se hundieran en el lodo. Cuando Dios abre una puerta, Él cuida hasta los detalles más pequeños del trayecto.

¿Cuál es el "Mar Rojo" que hoy nos impide avanzar? Quizás es un miedo, una deuda o una relación rota. La promesa de Éxodo 14 es que el mismo Dios que divide las aguas es el que pelea por cada uno de nosotros.

No esperemos a que el mar se abra para empezar a caminar. Empecemos a marchar hacia la voluntad de Dios y veremos Su mano actuar.

Confiemos en Su protección: Dios conoce a nuestros perseguidores y Él sabe cómo mantenerlos alejados mientras cruzamos al otro lado.

Dios les bendiga abundantemente.

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